10- ¿Cómo era María?

Mi madre era bien brava, afirma Jesucristo. Escucha las asombrosas confidencias de su hijo.

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Publicado el 10 de octubre de 2013 a las 13:27

Oración preferida de María, la madre de Jesucristo. Mosaico de la iglesia de Ain Karem.

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RAQUEL Los micrófonos de Emisoras Latinas continúan en la Basílica de la Anunciación, en Nazaret. Cobertura especial de la segunda venida de Jesucristo, nacido y criado aquí, según él mismo nos ha contado. Y yo le cuento a usted que hemos recibido muchas llamadas de quienes escucharon nuestro último reporte sobre su familia y quedaron… tan sorprendidos como yo. Me piden insistentemente una nueva entrevista sobre este tema tan espinoso.
JESÚS Pues no sé dónde ven las espinas… Pero, en fin, Raquel, pregúntame lo que quieras…
RAQUEL Díganos, ¿fue aquí, en este lugar, donde su madre recibió la visita del ángel y aceptó humildemente su destino?
JESÚS ¿Por qué dices humildemente?
RAQUEL Bueno, su madre María es ejemplo universal de humildad, de obediencia, de sometimiento a la voluntad de Dios…
JESÚS Pues no sé de qué persona me estarás hablando porque mi madre era bien brava.
RAQUEL ¿Cómo brava?
JESÚS Que tenía mucho genio. Ya sabes cómo son las campesinas de mi tierra… María nunca se dejó avasallar por nadie. Ni por José. Ni siquiera por mí. ¿Quieres que te cuente algo?
RAQUEL Cuéntenos, cuénteselo a nuestra audiencia…
JESÚS Cuando yo sentí el llamado de Dios, comenzaron los problemas en casa. Mis hermanos, que ya estaban grandes, no entendían. Mi madre, menos.
RAQUEL No puede ser, porque María conocía la voluntad de Dios sobre usted desde el comienzo.
JESÚS Escucha, Raquel. Una vez, yo estaba en Cafarnaum, iniciando nuestro movimiento, formando el primer grupo. La casa estaba abarrotada de gente y me avisan: Jesús, ahí fuera te están buscando. ¿Quién me está buscando? Tu madre y tus hermanos. ¿Y qué quieren? Que dejes ya tus locuras y regreses a Nazaret. La más terca era mi madre.
RAQUEL ¿Y usted qué hizo?
JESÚS Yo los desafié. Levanté la voz para que oyeran: ¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos? Los que apoyan el plan de Dios, no quienes lo estorban.
RAQUEL ¿Y cómo reaccionaron?
JESÚS Se pusieron furiosos. Pero luego, poco a poco, con el tiempo, ya fueron entendiendo. Cambiaron. Mis hermanos y mi madre me acompañaron después a todos lados. También entraron en la locura del Reino de Dios.
RAQUEL Su madre rezaba mucho, ¿verdad?
JESÚS Mucho, no. Pero cuando lo hacía, lo hacía bien.
RAQUEL ¿Cuál era su oración preferida, el Ave María?
JESÚS ¿Cuál dices?... No, una oración antigua que yo le oí rezar muchas veces a ella: “Mi alma magnifica al Señor, porque derribó del trono a los poderosos y levantó a los humildes. Colmó de bienes a los pobres y a los ricos los despachó con las manos vacías”. Sí, me acuerdo, así rezaba ella.
RAQUEL Pero eso, más que oración, parece una proclama revolucionaria…
JESÚS Como te decía, mi madre era bien luchadora.
RAQUEL Todo lo que nos cuenta está muy bien… Pero lo que nuestra audiencia está pidiendo es saber del ángel.
JESÚS ¿Cuál ángel?
RAQUEL Gabriel. El que le anunció a María su concepción virginal…
SACRISTÁN A ver, a ver, ustedes dos… Tienen que salir. Vamos a cerrar la
basílica…
JESÚS Creo que ya nos están sacando de aquí, Raquel.
RAQUEL Pues vamos a una pausa comercial y… ¡sigan con nosotros! Para Emisoras Latinas reportó Raquel Pérez, Nazaret.
CONTROL CARACTERÍSTICA MUSICAL
LOCUTOR Otro Dios es Posible. Entrevistas exclusivas con Jesucristo en su segunda venida a la Tierra. Una producción de María y José Ignacio López Vigil con el apoyo de Forum Syd y Christian Aid.

MÁS DATOS SOBRE ESTE POLÉMICO TEMA...

Relatos olvidados

Los relatos del evangelio de Marcos (3,20-21) y de Lucas (8,19-21) han sido
bastante olvidados en la memoria cristiana y están ahí para recordarnos el
conflicto que tuvo que existir entre María y Jesús cuando éste comenzó a
convertirse en un predicador ambulante y en un líder popular. Y para indicarnos
que, al igual que su hijo Jesús, María vivió un proceso en el que tomó
conciencia de su responsabilidad como madre de aquel hombre, al que la
gente seguía con tanta esperanza y pasión.

El canto del Magnificat

En el evangelio de Lucas (1,46-55) aparece una oración o cántico en boca de
María: Mi alma magnifica al Señor, porque derribó del trono a los poderosos y
levantó a los humildes…, conocido popularmente como “Magnificat” por su
primera palabra en latín. Este canto está inspirado en el canto de Ana, madre
de Samuel, el último juez de Israel (1 Samuel 2,1-10) y en otras expresiones de
los salmos y de los profetas.
Entre las muchas iglesias y conventos edificados en recuerdo de Juan Bautista
en Ain Karem ―una aldea de las montañas de Judea a unos 7 kilómetros de
Jerusalén, donde la tradición sitúa la patria del profeta― destaca la iglesia de la
Visitación. En su claustro, se reproducen en mosaicos y en muchos idiomas las
estrofas del “Magnificat”.

Una imagen que daña a las mujeres

Una poderosa corriente de teólogas feministas cuestiona actualmente con gran
lucidez los atributos con los que ha sido presentada María por la iglesia
católica. Elizabeth Schüssler Fiorenza, en “Cristología feminista crítica. Jesús,
Hijo de Miriam, Profeta de la Sabiduría” (Editorial Trotta, Madrid 2000), una de
estas teólogas, señala los tres daños que se hace a las mujeres al mantener
esa imagen de María y al centrar en ella el culto a la Madre de Jesús: se
enfatiza la virginidad en detrimento del ejercicio de la sexualidad, se asocia
unilateralmente el ideal de la verdadera feminidad con la maternidad, y al
valorar religiosamente la obediencia, la humildad, la pasividad y la sumisión se
la asocia con las virtudes cardinales de las mujeres.
María ―dice la teóloga― la humilde sierva del Señor, abnegada, pura, madre
paciente llena de aflicción, se predica a las mujeres como el modelo que debe
ser imitado, pero que nunca puede ser alcanzado totalmente. Por otra parte,
María, la hermosa virgen y la madre misericordiosa, es también una expresión
de ese deseo masculino del “eterno femenino” proyectado en los cielos.

Un libro extraordinario

Su nombre es Maryam. Un nombre tan común en su época y en su tierra que,
al grito de Maryam es probable que una de cada tres muchachas se dé la
vuelta… Sin importar qué religión profesemos ―o abjuremos— fechamos
nuestros cheques, facturas, correos electrónicos, periódicos, pronósticos
meteorológicos, libros de historia, cumpleaños y aniversarios de acuerdo con
un acontecimiento que ocurrió en Oriente Próximo hace dos mil años: la fecha
en la que dio a luz Maryam… ¿Cómo es posible entonces que sepamos tan
poco de ella?... Cada nueva imagen de María la ha alejado más de la realidad
de Maryam… Esto es lo que pretendo con este libro: restaurar el mundo de
Maryam y tejerlo de nuevo por entero. Devolverla a sí misma, comenzando con
su nombre real. Restaurar su fuerza y su inteligencia, y verla como el ser
humano polifacético que fue antes de convertirse en un icono: una campesina,
una sanadora, una nacionalista, una madre, una maestra, una líder. Y sí, una
virgen, aunque en un sentido que hace mucho hemos olvidado… No hay nada
manso ni dócil en ella. Esta mujer emerge siendo mucho más de lo que hasta
ahora hemos aceptado que sea: una mujer fuerte, capaz y sabia, que
activamente eligió su papel en la historia y lo vivió intensamente.
Son algunas de las ideas que aparecen en la introducción del extraordinario
libro de la sicóloga y periodista política británica Lesley Hazleton, “María, una
virgen de carne y hueso” (Martínez Roca Ediciones, 2005), que tiene como
subtítulo: “Una investigación que descubre a la mujer que se esconde detrás
del mito”. Efectivamente, infinidad de libros de teología han idealizado a María,
y muy pocos han tratado de descubrir la realidad que le tocó vivir a aquella
niña, a aquella joven, a aquella mujer. Éste es el más interesante,
documentado y audaz de los que conocemos.

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