La historia de Un tal Jesús

Cómo surgió la serie, sus críticas, sus éxitos.

Publicado el 6 de julio de 2015 a las 14:42

Reproducimos el artículo de Reyes Mate en el periódico español El País el 12 septiembre de 1981.

Críticas eclesiásticas a la obra “Un tal Jesús”, de María López Vigil

María López Vigil, la periodista cubano-española reclentemente liberada de la policía salvadoreña, es la autora, junto a su hermano José Ignacio, de la obra Un tal Jesús, que reconstruye la vida de Jesús en 144 relatos, grabados en 33 casetes. La acogida en amplios sectores latinoamericanos contrasta con la ofensiva de algunos prelados del CELAM que la acusan de «irrespetuosa, soez y comunista». Es un relato dirigido al pueblo latinoamericano y ambientado con las experiencias de opresión y liberación contemporáneas. Jesús, por ejemplo, aparece como un joven israelita sin formación, medio analfabeto y que sólo progresiva mente adquiere conciencia de su misión excepcional. Se le llama el Moreno, expresión cariñosa en Latinoamérica. Es un Jesús humano, algo burlón, con sentido del humor y buen conversador. Como jornalero no especializado combina el frecuente paro con pequeñas chapuzas. Frecuenta a los pescadores, borrachos, viejos, la gente de los cafetines y prostitutas. Como cualquier campesino poco habituado al mar, se marea cuando sube en barca, y María Magdalena parece vivir en algún burdel de las ciudades caribeñas.

María, su madre, es una mujer de pueblo, con las naturales preocupaciones de una madre con un hijo mozo y en paro. «Mira a mi hijo cómo está », dice en un diálogo, «sin trabajo fijo, ni porvenir. 30 años ya y… . , nada… Todos sus amigos están ya casados, criando hijos … ». Subyace al relato la latinoamericana teología de la liberación, de los Gutiérrez, Boff, Sobrino y Assmann y un conocimiento minucioso de las tierras palestinas que los autores han visitado detenidamente para ajustar los relatos a la situación actual. La obra, en la que han invertido más de tres años, está financiada por la institución alemana Serpal y cuenta con el imprimatur eclesiástico de Madrid, firmado por Martín Patino.

Consciente de lo inusual del trabajo, autores y editores han sometido el conjunto de la obra, desde junio de 1980, a una serie de experimentos destinados a calibrar la reacción de los oyentes. Los estudios previos revelaban que un 60% la acepta bien, un 30% pone reparos menores y un 10% la ataca violentamente. En la primavera de 1981 se inicia la distribución.

Poco tiempo después comienza a dejarse sentir la oposición de algunos altos prelados latinoamericanos. El arzobispo de San José de Costa Rica dice de ella «que es anticlerical y emplea un lenguaje soez». Y se pregunta: «¿Qué tal esas cintas en manos de los protestantes de nuestro país y en manos de los comunistas de nuestra patria?». López Trujillo, el secretario del CELAM y conocido por su beligerancia contra la teología de la liberación, escribe en Roma: «Se inventan episodios que no aparecen en los evangelios. Algunos son irreverentes».

López Vigil responde recordando que a Caravaglio le llamaron los eclesiásticos de su tiempo el Maldito porque pintó la Vocación de Mateo, ambientándola en los bajos fondos romanos, que también frecuentaba Jesús. A pesar del escándalo de entonces, hoy se dice misa en un altar que preside el cuadro de Caravaglio.

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