COCINAS DE GAS Y HORNOS ELÉCTRICOS

El ritmo sexual de las mujeres es muy distinto al de los hombres.

LOCUTOR A continuación, nuestro habitual espacio El consultorio sexual de la
doctora Miralles.

CONTROL CARACTERÍSTICA CONSULTORIO

DOCTORA Amigos y amigas, ¿cómo están, cómo se sienten? ¿Pura vida?… Por cierto, díganme una cosa: ¿ustedes son hornos eléctricos o cocinas de gas?… ¿No saben a lo que me refiero, verdad? Pues lo van a entender muy pronto.

CONTROLFAGA MUSICAL

HOMBRE Vamos, mi vida, ya tengo ganas…

MUJER Espérate, Fernando, yo todavía…

HOMBRE ¿Cómo todavía? Yo no aguanto más… ¡azúcar, como diría Celia Cruz!

MUJER No seas impaciente, Fernando. Hazme cariñitos, dime una palabra bonita…

HOMBRE Deja las palabritas y los arrumacos… ¡y vamos a lo que vinimos!

CONTROLFAGA MUSICAL

DOCTORA ¿Conocen este diálogo? Estoy segura que sí… ¿Y quién tendrá la razón… él o ella?

EFECTO TELÉFONO

JOVEN ¿Aló?… ¿Doctora Miralles?…

DOCTORA Sí, dime. ¿De dónde me llamas?

JOVEN Del barrio La Colina, doctora. ¿Y sabe qué le digo? Que la mayoría de las mujeres que están escuchando podrían haber grabado la escena con ese tal Fernando, el del azúcar…

DOCTORA Bueno, es que la gran mayoría de los hombres no entienden que nosotras, las mujeres, tenemos un ritmo sexual muy distinto al de ellos.

JOVEN Eso, doctora. Al menos, el mío más parece violador que marido.

DOCTORA Y muchas incomprensiones entre las parejas vienen por ese desajuste de ritmos. Aunque no hay regla fija, la mayoría de las mujeres necesitan mucho más tiempo que los hombres para excitarse y desear una relación.

EFECTO TELÉFONO

HOMBRE ¿Doctora?

DOCTORA Sí, dígame…

HOMBRE A ese punto quería llegar yo. ¿Cuánto tiempo necesitan ustedes y cuánto tiempo nosotros, los hombres?

DOCTORA A ver, mi amigo. No me gusta dar tiempos ni medidas, porque el amor no es una receta de cocina. Pero, por decir algo, digamos que una mujer invierte un promedio de 20 a 30 minutos para estar preparada.

HOMBRE ¿Y nosotros, doctora?

DOCTORA Ah, no, ustedes sólo necesitan 30 segundos para “pasar a la acción”. Si por ustedes fuera, ni cerraban la puerta del dormitorio.

HOMBRE Es que cuando uno siente ese calorcito…

DOCTORA Pues ya que habla de calorcito, atiendan bien todas las amigas y amigos de este consultorio. Ustedes, los hombres, son como cocinas de gas. La chispa se enciende y pueden quemar instantáneamente. Las mujeres, por el contrario, somos como hornos eléctricos. Nos vamos calentando despacito, poco a poco, hasta llegar a la temperatura máxima. Esa es la diferencia.

EFECTO TELÉFONO

MUJER Doctora, y… ¿es mejor ser horno eléctrico o cocina de gas?

DOCTORA No, no es asunto de mejor o peor, sino de ser diferentes. Y de reconocer que somos diferentes. Tenemos velocidades distintas.

MUJER Sí, bueno, pero ¿quién se tiene que acomodar a quién?

DOCTORA Buena pregunta. Yo diría que los dos. Los hombres tienen que dejar las prisas y aprender la magia de la sensibilidad. Y nosotras, tenerles un poco de paciencia, cuando se les olvida que es mejor al suave para que ambos puedan disfrutar más.

MUJER Al suave pa’ que dure, ¿no?

DOCTORA Tú lo has dicho, muchacha. En fin, el tiempo se nos acaba y todavía estamos en la preparación, en el calentamiento… Entonces, ¿quiénes quieren que mañana continuemos con este tema?

EFECTO VARIOS TELÉFONOS

DOCTORA Veo que es un tema de rabiosa actualidad. Así que, ¡azúcar!… ¡Mañana continuamos!

BIBLIOGRAFÍA
Allan y Barbara Pease, Por qué los hombres no escuchan y las mujeres no entienden los mapas, Amat, Barcelona 2000.
COCINAS DE GAS Y HORNOS ELÉCTRICOS

Un pensamiento.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.