POBRE AMÉRICA LATINA, TAN LEJOS DE LA REALIDAD Y TAN CERCA DE LOS ESTADOS UNIDOS

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América Latina ha sido una de las grandes víctimas de la política imperialista, de extrema derecha y violenta de Estados Unidos.


Por: Olga Gaýón

América Latina no ha superado la Guerra Fría que llegó a su fin hace treinta años. Allí, por no pasar ni pasó la historia. La razón parece haberse quedado sumergida en las dictaduras y gobiernos atroces de derecha que durante el siglo XX y parte del XXI ha patrocinado Estados Unidos en la región.

En este momento en el que el mundo está con la respiración contenida por el inminente peligro de que la invasión de Ucrania desencadene una Tercera Guerra Mundial, y que muchos temen que Vladimir Putin, desquiciado como está, emplee armas nucleares contra el indefenso pueblo ucraniano, varios gobiernos de América Latina y la izquierda que se expresa en las redes sociales, no ven ninguna clase de peligro ni siquiera siendo testigo de las barbaridades que Rusia está cometiendo contra todo un pueblo.

En esa gran porción de la tierra, la víctimas ucranianas se merecen su suerte porque todos son una «partida de nazis» que el generoso Vladimir Putin está combatiendo para librar al mundo del «nazismo», y empleando en su cruzada, métodos fascistas, por supuesto. Saben que todos los días el carnicero del Kremlin bombardea hospitales, guarderías, colegios, edificios, casas, maternidades, centros comerciales… Que las bombas rusas están dejando miles de muertos y millones de desplazados, pero ellos se han puesto un teflón en el corazón para que les resbale el dolor de todo un pueblo que está siendo masacrado.

América Latina ha sido una de las grandes víctimas de la política imperialista, de extrema derecha y violenta de Estados Unidos. Son más de cien años soportando la injerencia directa en la política interna de todos los países, en lo que ha patrocinado golpes de Estado y puesto a gobernar a feroces dictadores. Ahora que ya no patrocina dictaduras directamente se va contra los gobiernos democráticos de izquierda del continente y en algunos casos ha contribuido a que destituyan a presidentes de izquierda elegidos democráticamente.

Es, por tanto, normal que allí se vea a Estados Unidos como un gran enemigo, responsable de miles de atrocidades durante más de un siglo en todo el subcontinente, que han impedido, en gran medida, que allí florezcan democracias verdaderas y consistentes. El intervencionismo del país imperialista del norte ha sido nefasto para que América Latina pueda salir adelante, impulsado por procesos democráticos que gobiernen en favor de todos los habitantes y no solo de sus élites, como ha sido el común denominador de las dictaduras y los gobiernos que durante más de un siglo han contado con el respaldo incondicional de Estados Unidos.

SIN LA RAZÓN COMO MEJOR CONSEJERA PARA DETERMINAR LA RESPONSABILIDAD DE LA GUERRA DE UCRANIA

Aunque la mayoría de países condenaron la invasión de Ucrania por parte de Rusia en la ONU, en la política local, la realidad es otra. Gobiernos como los de México, Argentina, Bolivia y Perú, continúan manteniendo unas excelentes relaciones con Vladimir Putin y uno, como el de Bolivia, específicamente, responsabiliza directamente a la OTAN y a Estados Unidos de los crímenes de guerra que realiza Rusia en Ucrania: «el expansionismo de la OTAN y el querer acorralar a Rusia en su terreno, rodeándolo de bases militares enemigas, es el responsable directo de la reacción de defensa del gobierno ruso», ha dicho un portavoz del gobierno. Aunque los demás países mencionados arriba no lo han dicho tan abiertamente, todos llaman a la compresión con Rusia y ninguno ha condenado enérgicamente a Putin por la invasión; todos llaman a la paz, al diálogo pero sin exigirle a Rusia que detenga ya la masacre contra el pueblo ucraniano. El único gobierno de la izquierda que ha condenado abiertamente la invasión de Ucrania y los crímenes de guerra de Vladimir Putin, ha sido el de Chile con su presidente Gabriel Boric a la cabeza.

Tanto la intelectualidad de esa izquierda de América Latina como los gobiernos que se reconocen como de izquierda, justifican la invasión de los bombardeos y no pronuncian públicamente su solidaridad con las víctimas: ni siquiera hablan de los más de diez millones de personas a las que las bombas de Putin les han destrozado sus casas ni de los casi cuatro millones que esta guerra atroz ha enviado al exilio en tan solo un mes. Hay en todos una insensibilidad hacia el dolor de millones de inocentes que, al menos a mí, me atraviesa el alma.

La razón en América Latina y la solidaridad parecen haberse quedado escondidas o enterradas bajo las bestialidades de las dictaduras y de los gobiernos de extrema derecha. Porque en las redes sociales hablan de Vladimir Putin como el gran enemigo de Estados Unidos, por tanto, amigo de los pueblos sacrificados, y lo destacan como un gran héroe de la dignidad de los perseguidos.

Los intelectuales de izquierda de América Latina no ven que Putin hace con Ucrania, e hizo con Chechenia, Georgia y Siria, lo mismo que Estados Unidos hizo con Irak y lo mismo que Israel hace contra el pueblo palestino. Aunque conocen que en Rusia no hay democracia, que todos los medios han sido silenciados, que han detenido a más de 15.000 personas por manifestarse contra la guerra y que esta palabra está prohibida públicamente, a ellos eso no les parece condenable. Tampoco les parece reprochable que Rusia ejerza el poder violentamente en las antiguas repúblicas soviéticas de Asia Central y que acuda son su ejército a asesinar todos los brotes que exigen democracia es esas dictaduras. Es decir, están de acuerdo que Rusia haga lo mismo que hizo Estados Unidos con el apoyo a todas las dictaduras de América Latina: silenciar con el terror las exigencias democráticas.

La feroz política internacional de Estados Unidos ha calado la razón de América Latina, al punto de ver un gran amigo en un temible dictador que envenena, reprime, encarcela, tortura y asesina a toda la disidencia dentro de su país. La razón ha abandonado a la intelectualidad de América Latina. Es una vergüenza que allí no se solidaricen con las víctimas de Ucrania y se justifique esta intervención inhumana de la dictadura rusa. América Latina siempre ha demandado la solidaridad del mundo con su gente. Y en muchos casos la ha obtenido. Hay que ver que las violaciones a los derechos humanos de todas las dictaduras fueron publicitadas por todas la democracias europeas, sobre todo por su sociedad civil. Pero en este momento que Europa, Ucrania y el mundo requiere de la solidaridad de América Latina con el martirizado pueblo de Ucrania, esa gran zona del mundo, sonríe al gran verdugo y justifica todas su política sanguinaria con el manido eslogan de que «Rusia solo se defiende del imperialismo yanqui». Por tanto, no hay que condenar al sanguinario líder ruso que bombardea sin descanso a toda una nación, sino que hay que defender que el dueño del segundo ejército más poderoso del mundo, masacre el «nazismo occidental», representado en millones de niños, adolescentes, mujeres y hombres ucranianos.

Pobre América Latina. Es ese adolescente que no ha aprendido a repartir las culpas: siempre sus padres serán los responsables de todas sus desgracias. América Latina no quiere llegar a la edad adulta porque América Latina se siente muy cómoda estando tan lejos de la realidad y tan cerca, como siempre, de Estados Unidos, para encontrar un solo culpable de todos los males del mundo. Y como siempre, luchando por mantener su oscuro lugar en ese alejadísimo rincón de la historia que hoy parece defender con tenacidad, no sea que por mala suerte, en un momento de lucidez, pudiera salir de él.

POBRE AMÉRICA LATINA, TAN LEJOS DE LA REALIDAD Y TAN CERCA DE LOS ESTADOS UNIDOS

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