Radio ¡Levántate y anda!

Radioclip en texto sin audio grabado.

Compartimos el nuevo libro de Tito Ballesteros con “20 razones sobre el declive del dial”

En algunos países de América Latina, la Radio ya cumplió más de 100 años de vida. A lo largo de este periodo las estaciones experimentaron cambios para expandirse, y quizá, durante las últimas décadas, se reconfiguraron para contraerse. El devenir de los años ha traído consigo una desaceleración en el medio de comunicación y es precisamente eso lo que se expone aquí con la intención de instigar reflexiones presentes y futuras entre los lectores.

Compartimos el prólogo, escrito por nuestro compañero José Ignacio López Vigil.

PRÓLOGO

ESTE LIBRO ES UNA PROVOCACIÓN. Confieso que comencé a leerlo con prejuicios.
Me dijeron que Tito está hipnotizado con la IA, que solo vive en las redes, que ya
no le interesa la radio tradicional sino las modernas tecnologías. Me dijeron que…
Nada de eso. Este libro es un canto de amor al medio de comunicación que
conocemos y queremos desde hace más de un siglo. A la radio comunitaria que,
en nuestra Patria Grande, cumple ya 80 años.

Siempre que aparece un nuevo aparato, no faltan los agoreros que pronostican la
desaparición de la radio. Tito no es uno de ellos. Al contrario, este libro es una
invitación para que radialistas, ellas y ellos, se pongan las pilas y reinventen una
comunicación más seductora, subversiva, especialmente para la gente joven.

Por suerte, la radio siempre fue enamoradiza. Desde su nacimiento, entabló
buenas amistades y apasionados romances con los otros medios. Coqueteó con
el teatro y, en sus inicios, instaló sus micrófonos en los escenarios. Con la música
tuvo más intimidad. En los estudios de las emisoras se instalaban pianos de cola
y orquestas completas. Con el teléfono fue un amor a primer oído. Y así, los
receptores de la radio se convirtieron en emisores.

La prensa escrita siempre fue celosa con la radio porque la inmediatez de ésta le
robaba las primicias. Pero luego hizo las paces cuando descubrió en el periodismo
de opinión y de investigación su mejor nicho.

Hasta que apareció la televisión. La radio se acomplejó frente al nuevo medio.

Pero el invento del transistor vino en su ayuda. La radio cortó el cordón umbilical
de los cables. Un equipo portátil cabía en un bolsillo y estaba disponible en todo
lugar, hasta en la ducha o en la cama.

Si los transistores rompieron la barrera espacial, el internet rompió la temporal.
La web no solo da cobertura planetaria a las emisiones, sino que nos permite
escucharlas cuando se nos antoje. Cada oyente se vuelve jefe de su programación.
Es radio a la carta.

¿Y ahora con las redes? ¿Y con la IA? Nuevamente los agoreros anuncian el funeral
de la radio. A este pronóstico quiere responder el libro de Tito. Y lo hace con 20
argumentos que muestran, sin anestesia, el declive de la radio tradicional. De la
radio mal hecha, la que perdió su magia y su incidencia. Y lo hace con otras tantas
sugerencias para evitar esa muerte anunciada. Para que la buena radio resucite.
Sí, sabemos que las redes y la IA tienen la cancha muy inclinada. Que lo terrible
de estas plataformas y de esta inteligencia es que su propiedad está concentrada
en poquísimas manos. En manos de trillonarios desalmados que establecen la
dictadura y la adicción de los algoritmos. ¿Y entonces? ¿Abandonamos la cancha?
Hay que seguir disputando estos espacios ajenos. Y peleando por propios.
Tito utiliza un lenguaje tremendista, casi apocalíptico. Y es bueno que así sea.
Porque cuando la modorra es muy profunda, no basta un despertador. Hace falta
una bomba. Este libro es ese bombazo.

No es solo un libro. Son textos, videos, una serie radial, canciones… es un proyecto
multimedial. Y es así como debe ser la radio moderna, una radio extendida que
no compite solo en el dial, sino que habita en el podcast, en el streaming, en la
app comunitaria, en su portal web, en la historia contada desde el barrio, en el
grupo musical de la generación Zeta, en la narrativa transmedia. Todo es radio si
irradia la palabra comunitaria.

Dije que este libro es un canto de amor a la radio. Sí, pero también es un grito de
alerta. Un grito esperanzado para que la radio, paralítica como aquel paisano
sentado a orillas de la piscina de Betesda, escuche la voz profética que le dice:
¡Levántate y anda!

José Ignacio López Vigil