EL SUEÑO DEL PONGO (1)

El conocidísimo cuento de José María Arguedas.

CONTROL INSTRUMENTAL

NARRADORA Un hombrecito se encaminó a la casa-hacienda de su patrón. Iba a cumplir el turno de pongo, de sirviente en la gran residencia. Era pequeño, de cuerpo miserable, de ánimo débil. Y sus ropas viejas, raídas…

EFECTO PASOS, AMBIENTE RURAL. LUEGO, RISAS EN 3 P

NARRADORA El gran señor, el patrón de la hacienda, no pudo contener la risa cuando el hombrecito se presentó en el corredor de la casa…

PATRÓN (RIENDO) Pero, ¿quién eres tú?… ¿Eres gente u otra cosa?… ¿Qué te pasa?… ¿No sabes hablar, no tienes lengua?… ¡Habla, te digo!… (SE RÍE)… Bueno, por lo menos, sabrá lavar ollas… o barrer con la escoba… Pongo eres, vienes a servir sin cobrar… A ver, ustedes, los otros sirvientes… ¡llévense esta basura de aquí!

NARRADORA El hombrecito, arrodillándose, le besó las manos al patrón. Y luego, siguió a los sirvientes hasta la cocina.

CONTROL MÚSICA ANDINA

NARRADORA El hombrecito no hablaba con nadie. Trabajaba callado. Comía en silencio. Todo cuanto le ordenaban hacer, lo cumplía.

PONGO Sí, mi señor… Sí, papacito…

NARRADORA Había espanto en su rostro. Había miedo. Algunos sirvientes se reían de verlo así. Otros le tenían lástima.

COCINERA Huérfano de huérfanos… Sus ojos son fríos como el viento de la luna… Su corazón es pura tristeza…

NARRADORA Quizás por tener esa expresión de espanto en la mirada, o por los harapos con que se cubría… o quizás porque no quería hablar, el patrón sintió un especial desprecio por aquel hombrecito.

EFECTO GRILLOS, MURMULLOS

NARRADORA Al anochecer, cuando los sirvientes se reunían para rezar el avemaría en el corredor de la casa-hacienda, el patrón martirizaba al pongo delante de toda la servidumbre… Lo empujaba de la cabeza y lo obligaba a que se arrodillara… Y así, cuando ya estaba hincado, le daba golpes suaves en la cara…

PATRÓN Creo que eres perro… A ver, ladra… ¡que ladres te he dicho!… ¿Tampoco sabes?… Ponte en cuatro patas… Vamos, trota de costado como los perritos… Shhs… Shss… Muy bien… Ahora, regresa… Así, así…

NARRADORA Golpeándolo con la bota, sin patearlo fuerte, el patrón derribaba al hombrecito sobre el piso de ladrillos del corredor.

PATRÓN Caramba, esta basura de indio no sirve para nada… (CAMBIA TONO) Bueno, y ahora todos a rezar el avemaría. ¡Vamos!

VOCES REZANDO Dios te salve, María, llena eres de gracias, el Señor es contigo…

NARRADORA El pongo se levantaba entonces del suelo y se iba del corredor. No podía rezar porque no estaba en el lugar que le correspondía. Ni ese lugar correspondía a nadie.

CONTROL MÚSICA DE TRANSICIÓN

NARRADORA Y así, todos los días, el patrón hacía revolcarse al hombrecito delante de los demás sirvientes. Lo obligaba a reírse, a fingir llanto, se divertía con él.

CONTROL MÚSICA EMOTIVA

NARRADORA Pero una tarde, a la hora del avemaría, cuando el corredor estaba colmado de todos los trabajadores de la casa-hacienda, cuando el patrón empezó a reírse a costa del pobre pongo, ése, ese hombrecito, habló muy claramente…

PONGO Gran señor, dame tu licencia. Quiero hablarte.

PATRÓN ¿Qué?… ¿He oído bien?… ¿Eres tú quien ha hablado?

PONGO Tu licencia, gran señor, para hablarte. Es a ti a quien quiero hablar.

*CONTINUARÁ*(Siguiente) class=‘bibliografia’>BIBLIOGRAFÍA
José María Arguedas, El sueño del pongo, Salqantay, Lima, 1965.

EL SUEÑO DEL PONGO (1)