4 EL TRIANGULO NEGRERO

… o mejor dicho: el pecado mortal de Europa

  • “Anterior capítulo(enlace)”:”/article/estos-indios-perezosos-no-tienen-alma-2/
    * Revisar la serie completa” aquí(enlace)”:category/500-eng-anos/

    ANIMADORA —Señoras y señores, ladies and gentlemen, tengo el gusto de presentarles ahora al valiente capitán inglés, experto en economía y en negocios… ¡John Hawkins!!
    HAWKINS —Thank you, thank you, my friends. I‘m glad to meet you!
    ANIMADORA —Mister John Hawkins va a contarnos ahora su extraordinaria historia llena de aventuras y peligros. Y como él hizo muchos viajes por América Latina, va a poder hablar con ustedes en buen castellano… ¡Adelante, John!
    HAWKINS —Pues sí, my friends, yo nací en el Condado de Devon. Gracias a Dios, soy inglés, inglés de pura capa. Nací hace mucho tiempo, oh yes, a mitad del siglo 16. Mi papá era capitán de barco, un verdadero lobo de mar. Mi papá gustaba mucho de viajar. Había visitado Africa en muchos viajes. Cuando regresaba de Africa, me contaba de las playas con cocoteros, de los elefantes y los leones de la selva. Y de los negros. Negros y negras fuertes, que se criaban allá. A mí se me hacía la boca agua, oh yes… Un día, siendo yo mayorcito, cumplidos mis 30 años, vino a visitarme un amigo…
    AMIGO —Hello, John, ¿cómo te va?
    HAWKINS —Aburrido, amigo mío. ¿No quieres una buena taza de chocolate?
    AMIGO —Claro que sí, a lo mejor es el último chocolate que nos tomamos en la vida.
    HAWKINS —¿Por qué dices eso, amigo mío?
    AMIGO —Muy pronto no tendremos en Inglaterra ni cacao ni azúcar ni tabaco… ¡Oh, los sabrosos cigarros de América!
    HAWKINS —No te entiendo, amigo mío.
    AMIGO —Yo a quien no entiendo es a los españoles. Son estúpidos. Ni a los portugueses, más estúpidos aún.
    HAWKINS —En eso estoy de acuerdo contigo, oh yes. Pero ¿qué tiene que ver todo eso con el chocolate?
    AMIGO —Amigo John, España y Portugal se han portado como locos. Han acabado con los indios de América. Los liquidaron demasiado pronto. Ya no debe quedar ni una pareja de indiecitos para traerlos al zoológico.
    HAWKINS —¿Y quién va a trabajar entonces para ellos en las plantaciones de América?
    AMIGO —Ese es el problema, John. Necesitan mano de obra. Mano de obra barata. ¿De dónde le van a sacar?
    HAWKINS —¿De dónde…? ¿De dónde? ¡Tengo una idea! ¡Oh, Jesus Christ! ¡Oh, Dios mío, gracias por haberme iluminado el coco! Yo sé dónde puede conseguirse esa mano de obra. Y no barata, sino gratis. ¡Gratis, my friend, gratis! ¡En Africa, amigo mío! En Africa podemos encontrar brazos y piernas fuertes para trabajar en América. Voy a cazar negros en Africa.
    AMIGO —¡Estás loco, John Hawkins! ¿Cómo vas a cazarlos?
    HAWKINS —Como se caza a un mono o un cocodrilo. Es lo mismo. Anímate. ¿Quieres entrar en el negocio conmigo? ¡Te prometo grandes beneficios, oh yes!
    BANQUERO —¿Qué necesita el capitán John Hawkins para su expedición?
    HAWKINS —Poca cosa, señor banquero. Un barquito para llegar a Africa. Y unos cuantos hombres bien valientes para atrapar negros. Y unos cuantos fusiles por si los negros no se quieren dejar atrapar.
    BANQUERO —¿Algo más, capitán?
    HAWKINS —Oh, yes, unos cuantos barriles de ginebra para emborrachar a los jefes de las tribus de los negros para que no molesten el negocio.

    HAWKINS —Fue fácil el busines. Me embarqué con un grupo de bravos marineros hacia las costas de Africa. Era el año 1562, no me olvido. A mi barco lo bauticé con el nombre de «Jesús». Porque yo, aunque no lo crean, soy un hombre religioso. Yo sé que a los blancos Dios los creó. Y a los negros el diablo los cagó, ja, ja… Como les decía, llegué a Guinea. Capturé 300 negros bien amarraditos. Y enfilé rumbo a América. En Santo Domingo los vendí a buen precio. Y regresé a Inglaterra con mucha plata. ¡Money, my friends, money! Claro, entonces comenzaron los problemas…
    AMIGO —La Reina Isabel está furiosa contigo, John. Se enteró del contrabando de negros. Dice que quiere verte enseguida.
    HAWKINS —Oh yes, yo también quiero verla para… para pedirle perdón.

    REINA —Míster Hawkins, es horrible lo que usted ha hecho. Es un gran pecado que clama al cielo.
    HAWKINS —Majestad, ¿cómo le explicaré…? Me han pagado mucha plata y un cargamento de jenjibre y pieles…
    REINA —¡Vender seres humanos! ¡Qué barbaridad!
    HAWKINS —También me dieron por ellos varios quintales de azúcar…
    REINA —¡Qué barbaridad!
    HAWKINS —Y un lote de perlas preciosas, preciosísimas… ¡toda una fortuna!
    REINA —¡Qué bárbaro!
    HAWKINS —Le pido perdón, majestad, por… por no haberle avisado a tiempo del negocio…
    REINA —¿Y no podrías hacerme socia comercial para… el segundo viaje?
    HAWKINS —¡Por supuesto, majestad, oh yes!

    HAWKINS —La Reina de Inglaterra fue inteligente, tenía espíritu de empresa. Me nombró caballero y me dio un escudo de armas. En el segundo viaje ya llevaba cuatro barcos grandes y pude cazar muchos negros más. En el tercero, en el cuarto… ¿Cuántos viajes habré hecho? ¡Alabado sea Dios, que bendijo mi esfuerzo y mi trabajo! Me sacrifiqué, sí. Pero en los negocios hay que ser decidido y emprendedor, my friends. Hay que ser vivo. Porque en esta vida, el vivo vive del bobo. Y el blanco, del negro. ¡Adiós, bay-bay, see you later!!

    COMPADRE —Y toda Europa aplaudió la hazaña del capitán Hawkins. Y comenzaron a contratar barcos y marineros para tomar parte en el negocio. Holanda, Francia, España y Portugal, Alemania, Suecia, Dinamarca… Todos los países »cristianos y civilizados» de Europa, los más ilustres políticos y hombres de negocios, entraron en el comercio de negros, en la compra-venta de carne humana. Por supuesto, Inglaterra fue la campeona del negocio.
    VECINA —Un negocio redondo, por lo que estoy viendo.
    COMPADRE —Redondo no. Un negocio triangular. Un negocio triangular. Un negocio de tres puntas. El negocio que le ha dado a Europa más dinero en toda su historia. Un negocio en tres actos.

    ACTO PRIMERO: LLEGAN LOS BARCOS INGLESES A LAS COSTAS DE AFRICA

    JEFE TRIBU —¡Le tengo mil negros enjaulados, capitán!
    CAPITAN —Demasiado poco. Sobra sitio en los barcos.

    Guinea, Senegal, el Reino de Ghana, Nigeria, el Gran Reino del Congo, Angola… Toda la costa africana hasta Mozambique fue invadida por los capitanes europeos. Sus cómplices eran algunos caciques de aquellas tierras, que vendían a sus hermanos…

    JEFE TRIBU —Está difícil la cacería, mi capitán. Se esconden en la selva.
    CAPITAN —¿Y de qué te sirvieron los fusiles y las cadenas que te di en el viaje anterior?

    Los capitanes negreros entregaban fusiles, aguardiente, baratijas, a cambio del cargamento humano.

    JEFE TRIBU —Tengo mujeres, buenas paridoras. ¿Y niños? ¿No quieres negritos? Crecen rápido. ¿Quieres niñas? Se ponen sabrosas.

    Algunos capitanes más «cristianos» viajaban con un misionero para bautizar a los negros antes del viaje.

    MISIONERO —Con esta agua bendita ya sois hijos de Dios. Ahora debéis obedecer a vuestros amos. Esclavo puede ser vuestro cuerpo. Pero tenéis el alma libre para volar un día al cielo.

    Encadenados y a latigazos eran subidos a los barcos. Nunca más verían a su familia ni a la tierra donde nacieron.

    MARINERO —Se niegan a comer, capitán. No hay como abrirles la boca.
    CAPTAN —Fuérzales los dientes con este hierro. Así tragarán.

    Encadenados de dos en dos eran acostados en hileras en el fondo del barco, apiñados unos contra otros, con menos espacio para moverse que un muerto en su cajón…

    MARINERO —¡Puah! No hay quien entre en esa bodega. Las ratas se los están comiendo vivos.
    CAPTAN —Cuida que ellos no se coman las ratas. Se enfermarían y perderíamos mercancía.

    Muchos morían en el viaje y eran echados al mar. El tufo de los excrementos y de la sangre era tal que los tiburones seguían a los barcos esperando nuevas presas…

    MARINERO —Viene borrasca, capitán.
    CAPITAN —¡Habrá que tirar unos cuantos de los que están más dañados, de los más viejos!

    Y arrojaban 20, 30 negros vivos por la borda en medio de la tormenta para aligerar la carga del barco.

    MARINERO —¡Ya se ve la costa, capitán!
    CAPITAN —Frótalos con ese cepillo y aceite para que den buena impresión al desembarcar.

    ACTO SEGUNDO: LLEGAN LOS MISMOS BARCOS INGLESES A LAS COSTAS DE AMERICA

    Después de 3 ó 4 meses de travesía llegaban los negros a La Habana, a Jamaica, a Cartagena, a Salvador de Bahía en Brasil, para ser vendidos como esclavos. La mitad de la carga se había perdido en el camino. Pero, aún así, el negocio compensaba.

    NEGRERO —Están muy flacos… ¡engórdenlos!!

    A los enfermos los dejaban morir en el muelle. Los demás eran cebados en el depósito de esclavos antes de exhibirlos en público.

    NEGRERO —¿Quién da más por esta pieza? ¡¿Quién da más?!
    COMPRADOR —Diga, ¿cuánto pide por la negra?
    NEGRERO —¿Cómo la quiere, con la cría o sin la cría?
    COMPRADOR —¿No estará enferma…?
    NEGRERO —¡Mírele los dientes!… A ver… Mire las piernas…
    COMPRADOR —Si está dañada, se la devuelvo.
    NEGRERO —¡Una negra joven, buena para el trabajo y buena para la cama! ¿Quién da más?

    Los vendían en el mercado público, desnudos, como animales. En Perú, el corral de esclavos estaba en el mismo centro de Lima.

    NEGRERO —¡Márquenlos a fuego!

    Los señalaban con hierro candente en las nalgas, en el pecho, con la marca de las compañías negreras de Europa, con las iniciales de los compradores.

    COMPRADORA —¿Y qué comen estos negros, eh?
    NEGRERO —Cualquier cosa. Lo mismo que un hombre.
    COMPRADORA —¿Y si se niegan a comer?
    NEGRERO —Con estas correas se arregla todo. Aunque no parezca, son mansos y se van domesticando poco a poco. Tenga cuidado con la preñada. Si le azota la barriga puede perder la cría.

    Los trasladaban a los ingenios de caña, a las plantaciones de algodón, de café, de cacao, al fondo de las minas, a talar bosques, a edificar casas para los amos, a cocinar para las señoras…

    COMPRADORA —¿Y si quieren escapar, qué hago?
    NEGRERO —Córteles aquí, vea: este tendón del pie. Así no llegan muy lejos. A veces, cortándoles las orejas ya se asustan y no intentan escapar. Si tiene buenos perros, no hay problema. Encuentran rápido al cimarrón.

    Muchos negros se negaban a vivir, se ahorcaban. Si morían en América, volverían a Guinea siguiendo la ruta del arcoiris. Renacerían en Africa junto a los suyos…

    HACENDADO —¿En Africa, verdad? Oiganme bien: yo voy a picotear los cuerpos de los que se maten. Les cortaré la cabeza y los huevos, ¿me oyen? Resucitarán en Africa, sí, pero no podrán comer ni hablar ni acostarse con sus negras… ¡Mátense ahora si se atreven!!

    Otros no se mataban. Huían. Se escondían en los montes. Resistían junto a sus dioses antiguos y sus tradiciones. En el nordeste de Brasil miles y miles de esclavos rebeldes llegaron a formar una república independiente. Pero el comercio de esclavos seguía adelante…

    ACTO TERCERO: LLEGAN LOS MISMOS BARCOS DE REGRESO A LAS COSTAS DE INGLATERRA

    En América los habían vendido por azúcar, por café, por algodón… Los barcos negreros navegaban ahora rumbo a Europa repletos de materias primas…

    INGLES —¡Hay buen cargamento! ¡A desembarcar!

    Gracias al tráfico de negros, Liverpool se convirtió en el puerto más importante del mundo. Los mercaderes ingleses sumaban ganancias anuales por más de un millón de libras esterlinas.

    INGLES —¡Algodón! ¡A las hilanderías de Manchester!

    La industria inglesa prosperaba. A comienzos del siglo XVIII, las tres cuartas partes del algodón que hilaban las fábricas inglesas venía de las Antillas.

    INGLES —¡Azúcar!

    A mediados del siglo, ya había en Inglaterra 120 refinerías de azúcar. Bristol, Londres, Birmingham, Glasgow… Las ciudades de Inglaterra crecían. Los bancos y los banqueros se multiplicaban.

    INGLES —¡De prisa! ¡Embarquen esos barriles, las telas, los fusiles! ¡Rumbo a Africa!!

    Y salían los barcos nuevamente hacia el Africa, con los productos ingleses, con las manufacturas, para cambiarlas por negros. Así se cerraba el triángulo maldito. Las manufacturas de Europa se cambiaban por negros en Africa que se cambiaban por materias primas en América que se transformaban en nuevas manufacturas en Europa que se cambiaban por más negros en Africa que se cambiaban por más materias primas en América que se transformaban en nuevas manufacturas en Europa que se cambiaban por… Tanto vendían y compraban las fábricas inglesas, tanto prosperaron con el comercio de esclavos que…

    INGLES —¡Hay que inventar algo para producir más telas, para refinar más azúcar, para destilar más ron…! ¡Hay que inventar algo!

    Y se inventó la máquina de vapor. James Watt, el inventor, fue pagado con las fortunas de los mercaderes de esclavos. Con la máquina de vapor se multiplicaron los ferrocarriles, las flotas mercantes, los telares, las industrias de todo tipo. El capital amasado con aquel comercio triangular hizo posible el desarrollo industrial de nuestros tiempos. El bienestar y el encanto de la civilización occidental tienen en su base los horrores de la esclavitud, la sangre y el sudor de millones de negros triturados, un genocidio imperdonable.

    VECINA —Así que los ingleses y todos los rubios de Europa supieron exprimir bien a los negros, ¿eh? ¡Caramba con esos señorones que se las dan de tan civilizados!
    ABUELO —Bueno, señora, eso pasó hace mucho tiempo, no hay que andar revolviendo la historia.
    COMPADRE —¿Hace mucho tiempo? Que va, si el comercio de esclavos duró hasta el siglo pasado, como quien dice hasta ayer. Todavía en Cuba, hace 100 años apenas, se podía comprar un negro por 500 pesos… El comercio de esclavos se inició en los primeros tiempos de la conquista de América. Durante 400 años Europa compró y vendió a los africanos como animales. Se calcula que unos 40 millones de seres humanos fueron arrancados a la fuerza de sus aldeas. La mitad de ellos debió morir en el camino. En el fondo del mar y en la boca de los tiburones quedaron 20 millones de hombres, de mujeres, de niños negros. ¿A cuántas bombas atómicas equivale esta cifra? ¿A quién le pasa la cuenta Africa por el crimen más monstruoso y premeditado de la historia? ¿Quién paga este pecado mortal de Europa?
    ABUELO —He venido observando que usted le quiere cargar las tintas a Inglaterra. Yo no soy amigo ni enemigo de los ingleses. Pero tengo entendido que fueron ellos precisamente los que más lucharon para acabar con la esclavitud.
    COMPADRE —Eso es cierto. A principios del siglo pasado, Inglaterra fue la campeona de la lucha antiesclavista, como antes había sido la campeona en cazar esclavos.
    VECINA —Bueno, por lo menos les remordió la conciencia…
    COMPADRE —Que va, les remordió el bolsillo. Ya no les salía negocio lo de los esclavos. Porque la industria inglesa producía camisas y vestidos y zapatos y… y no había muchos compradores. Los esclavos no manejaban dinero, no podían comprar nada.
    VECINA —¿Y entonces…?
    COMPADRE —Entonces a Inglaterra le convenía más el sistema de jornales. Darles la libertad, convertirlos en obreros asalariados y que los antiguos esclavos tuvieran ahora algo de dinero para que les compraran a los mismos ingleses las camisas y los zapatos.
    VECINA —¡Pero esa gente son sobrinos del diablo!
    COMPADRE —Por eso fue que Inglaterra comenzó a patalear contra la esclavitud. No fue por amor a los esclavos, sino por amor a sus industrias.
    ABUELO —Mire, señor, usted todo lo ve con malos ojos. Con ese resentimiento no podemos avanzar nunca. Yo soy de la teoría que estas páginas negras de la historia es mejor olvidarlas ya y…
    COMPADRE —…Y los millones de negros que viven hoy en América Latina, los hijos y los nietos de aquellos africanos, ¿habrán olvidado? Los negros de Brasil y de Colombia, los de Venezuela, Ecuador y Perú y todo el Caribe… ¿querrán olvidar?

    bq. * “Siguiente capítulo(enlace)”:“article/el-asesinato-de-la-tierra/
    * Revisar la serie completa” aquí(enlace)”:category/500-eng-anos/

4 EL TRIANGULO NEGRERO

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.