EL DERECHO A LLORAR

Este radioclip es de texto y no tiene audio grabado.

Aquella noche descubrí a mi padre. Le miré el alma cara a cara.

LIBRETO

Mi padre era un hombre muy trabajador. Lo recuerdo llegando tarde a casa, agotado después de ocho o diez horas de pie, detrás de una ventanilla, recibiendo formularios de impuestos.

Se dejaba caer en el viejo sillón de la sala, y resoplaba todo el cansancio del día. Yo quería enseñarle mis deberes, contarle sobre mi clasificación en el equipo, conversarle de…

PADRE Mañana, muchacho. Hoy estoy molido. Mañana vemos eso…

Pero ese mañana nunca llegaba. Mis hermanas hablaban con mamá, le contaban sus cosas. Yo quería hablar con papá y mostrarle lo que había conseguido en el colegio. Pero nunca había tiempo.

CONTROL MÚSICA SUAVE

Una noche, mi padre estaba en el balcón tomando el fresco y fumando.

ADOLESCENTE ¿Te pasa algo, papá?

PADRE Nada, muchacho. Estoy… estoy dándole vueltas a algunas cosas…

Tenía una cara triste, la mirada perdida. Nunca lo había visto así.

ADOLESCENTE ¿Qué te pasa, papá?

PADRE ¿Sabes, muchacho? Vamos a tener que entregar este departamento. No me alcanza para pagar el arriendo… Nos tendremos que ir de aquí no sé a dónde…

No supe qué responder. A los 13 años no hay mucho que opinar sobre un problema como ése.

PADRE No se lo digas a mamá. Ni a tus hermanas. Es… es un secreto entre tú y yo.

Aunque era un gran problema, yo me sentí bien. Aquella confidencia de mi padre conmigo, la primera en su vida, me hacía sentir grande.

EFECTO LLANTO DE HOMBRE

Para mi sorpresa, papá rompió a llorar. Como si yo no estuviera presente, lloró como lo hubiera hecho yo o cualquier otro niño.

Me asusté. Yo nunca había visto llorar a un hombre. Tampoco sabía qué hacer ni qué decirle. A pesar de mi timidez, lo abracé con fuerza, como nunca había hecho, y me quedé un rato así, pegado a él.

CONTROL MÚSICA SUAVE

Esa noche, mi padre me contó muchas cosas de su vida, de sus aspiraciones cuando joven, de su trabajo aburrido. Deseaba ofrecernos una casa linda y grande y no este departamento sin sol, que para colmo tendríamos que abandonar para irnos a otro más pequeño aún.

PADRE Pero vamos a salir adelante, muchacho. Cuento contigo.

ADOLESCENTE Sí, papá, cuenta conmigo.

A pesar del dolor y las lágrimas, aquella fue una noche mágica para mí. Descubrí a mi padre. Le miré el alma cara a cara. Y desde entonces, comencé a comprenderlo mejor. Me convertí en su amigo y él en mi maestro.

BIBLIOGRAFÍA

  • Walter Riso, Intimidades Masculinas, Norma, Bogotá, 1998.
  • Imagen de: Piqsels.
EL DERECHO A LLORAR

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