INTRODUCCIÓN

Este radioclip es de texto y no tiene audio grabado.

¿Por qué hacemos un curso sobre religiones, derechos y aborto?

Yo vivía en Surco, tal vez el distrito limeño más verde, con más parques. Una tarde de domingo salí a dar una vuelta y llegué a uno de ellos en el momento en que estaban entronizando a la Virgen del Rosario. ¿O era la de Fátima? No me acuerdo. Lo que sí recuerdo es cuando el cura, con estola morada y un libro de oraciones, comenzaba a rociar la imagen con agua bendita. Los devotos rezaban el avemaría.

Justo en ese momento, por una de las esquinas del parque, llegó un pastor evangélico con sus seguidores. Encendió un megáfono y comenzó la prédica. Las voces del cura y las del pastor se entrecruzaban.

p((. — ¡Manden a callar a esos insolentes! —gritó uno de los católicos.
— ¿Y por qué, si se puede saber? —respondió una evangélica—. El parque es de todos.
— ¿Cómo que por qué? Porque están bendiciendo a la virgen.
— ¡Pues yo no creo en curas y menos en vírgenes!

Se armó el chongo. Y en ese momento, por la otra esquina del parque, entró un grupo de hare krishnas bailando y cantando al ritmo de sus palmas y panderetas.

p((.. — ¡Lo que nos faltaba! —gritó otra católica—. Váyanse con su cantaleta a China o a la India.
— ¿Qué le pasa, hermana? —dijo uno de los vestidos de azafrán con la cabeza rapada—. Nosotros somos tan peruanos como usted. ¿Por qué no ponen en el parque a Krishna en vez de esa muñeca?
— ¡Respeten a la Virgen! En Perú somos católicos.
— ¡Y ustedes respeten a nuestro pastor, que es más peruano que la mazamorra morada!
— ¡Nosotros tenemos derecho a rezar el rosario!
— ¡Y nosotros tenemos derecho a predicar!
— ¡Y nosotros a cantar! ¡Hare Krishna, hare hare!

p. Todo el mundo tenía derecho a expresarse en el parque. En realidad, el único que no tenía derecho a instalar de forma permanente una imagen católica en el centro de un parque público era el cura. ¿Y por qué no una simple cruz evangélica? ¿O un Buda o la figura de Yemanyá, tan querida entre la población afrodescendiente?

La anécdota es de Perú. Pero ocurre lo mismo en casi todos los países de nuestra América Latina. Y por supuesto, en nuestro lindo Ecuador.

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INTRODUCCIÓN

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