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Todas las violencias hacia nosotras son un fantasma que se escuda en el silencio, que busca complicidad en el pacto patriarcal, entre discursos acomodados a la tendencia política de turno. Por eso La Periódica decidió desafiar ese silencio, en memoria de ellas.

Publicada el: 25/03/21.
Publicada por: La Periódica.

Somos las guerreras, somos las palabras, somos los silencios. Permanecemos y memoramos a cada instante las voces de nuestras hermanas, de las mujeres que han sobrevivido, de las que han vivido, de las que acompañan, de las que buscan justicia, de las que aún no logran salir de los círculos de violencia, de las que aún no tienen herramientas para reconocer que viven violencia, de las que guardan silencio, de las que han muerto, de las que han sido asesinadas, de las que han alzado la voz, de las que toman las calles y de las que aún no se animan a hacerlo.

Cada 72 horas resuena una despedida dolorosa ante las muertes violentas, cada 72 horas deben ubicar nombres y contar, nuevamente, una más en la larga lista que desde 2014 ya suma 870 mujeres víctimas de feminicidio[¹], nombres anónimos, mujeres que no tienen rostro pues están ocultas entre las pilas de casos pendientes, entre folios de expedientes, en las miles de historias que no tendrán reparación ni justicia, las que siguen a la espera de no ser olvidadas.

Niñas y adolescentes huérfanas de recursos y de apoyo por parte del Estado, invisibles a una sociedad que se empeña en defender “la familia” y su moral, en lugar de poner atención a las más de 2000 niñas de entre 10 y 14 años que paren anualmente en un país que guarda las apariencias y usa de pretexto la “defensa de la vida” para negar la realidad y el deseo de las niñas, adolescentes y mujeres que viven maternidades forzadas, maternidades que no desearon y que tampoco consintieron, maternidades resultado de la violencia y del machismo; ¿quién piensa en sus condiciones de vida?, ¿quién piensa en sus proyectos de vida? ¿quién hace justicia por ellas, con ellas y para ellas? ¿Qué ofrece este país a las mujeres y niñas?

La pandemia ha profundizado las desigualdades y nuevamente se posponen los derechos de las niñas y mujeres de manera sistemática, para muestra un botón: en 2020 se dejó en cero el presupuesto para el Proyecto de Prevención del embarazo en niñas y adolescentes. ¿Las consecuencias?, un sin número de niñas y adolescentes que nuevamente se reducen a cifras: desde el año 2010 hasta 2019, se han registrado 21.654 partos de nacidos vivos en niñas de 10 a 14 a nivel nacional, y solo en 2019, han sido 49.895 en adolescentes entre los 15 a 19 años[²], números fríos que van de boletín en boletín, de comunicado en comunicado esperando que llame la atención del Estado para que entienda que posponer los derechos de las mujeres y niñas es una pérdida irremediable y cuesta vidas: desde enero hasta noviembre del 2020, 128 mujeres,15 adolescentes y niñas embarazadas de entre 10 y 19 años perdieron la vida, por causas relacionadas con embarazos, partos o puerperios[³]. El acceso a métodos anticonceptivos disminuyó en un 30% a nivel nacional desde marzo a septiembre 2020. ¿Cuántos embarazos no deseados resultarán de esto, si se nos niega la posibilidad de acceder a abortos legales, información, métodos e incluso medidas de reparación frente a la violencia sexual?

Mujeres que sobreviven a trabajos precarios, asumiendo tareas de cuidado y soportando el peso del capital y del mercado, dedicando 31 horas al trabajo no remunerado, a las tareas domésticas y de cuidado mientras los hombres dedican 9 horas a la semana a las mismas actividades[4]. Mujeres que hacen revolución, en la casa, en la calle y en la cama, entre ofertas de campaña vacías y lejanas, que resultan insuficientes .

Hermanas trans, travestis, lesbianas que se nombran solo cuando son noticia de crónica roja, que aparecen en las notas de las secciones judiciales locales, cuyos nombres e identidades son borradas y negadas, cuyas familias se les ha dado la espalda dejándolas en el olvido, negando su existencia o internándolas en sitios de tortura, en las mal llamadas clínicas de “deshomosexualización”-como si la homosexualidad fuese una enfermedad y las vejaciones, violaciones y más violencia fueran un remedio, nada más falso que eso-. Aquellas que no tuvieron la suerte de ser acogidas por la sociedad y sus familias, que no llegan a constar en las cifras oficiales, porque los crímenes justificados en el prejuicio no se cuentan, no se registran y son difíciles de comprobar. Han pasado cerca de 24 años de la despenalización de la homosexualidad en Ecuador y aún hay deudas históricas con nuestras hermanas trans: empleo, educación, salud, seguridad social. Derechos básicos para que sus vidas importen.

Mujeres que viven en pleno siglo XXI, en situación de esclavitud moderna, que han soportado el peso de 60 años de encubrimiento a la empresa Furukawa C.A. Plantaciones del Ecuador, que produce Abacá. Abacá de cada día que está presente en la mesa familiar o en las transacciones cotidianas, pues de esta planta se elaboran las bolsas de té, el papel moneda y más. Expuestas a morir, a sobrevivir y a pelear por sus derechos laborales ante la mirada silente del Estado y el olvido de la sociedad. Mujeres que sobreviven al saqueo de las industrias mineras y/o petroleras en sus territorios y que sostienen la vida, a pesar de la violencia en la que la lógica del mercado transnacional sume a sus comunidades.

Las invisibles, cuyas denuncias ni siquiera llegan a ser parte de la pila de expedientes, aquellas cuyos casos prescribieron. Aquellas, que dejan ver sus miradas a través de una capucha como una forma legítima de defensa y de resistencia, las que han tenido que negar su rostro para ser vistas, las que usan la denuncia pública como una forma de hacer justicia. Para ellas que se atrincheran, gritan y hacen aquelarres, para las que se nombran, zapatean y resisten desde esos sitios diversos, que no entran en la estadística porque sus casos no tuvieron investigaciones, ni respuestas oportunas por parte del Estado y también de la sociedad.

Todas las violencias hacia nosotras son un fantasma que se escuda en el silencio, que busca complicidad en el pacto patriarcal, entre discursos acomodados a la tendencia política de turno. Por eso nosotras decidimos desafiar ese silencio, en memoria de ellas, por cada una de sus luchas, por las que nos faltan, por las que ya no están, por las que seguimos y en las que también nos encontramos. Por eso nos tomamos los #Veinticinco de cada mes para activarnos desde lo que sabemos hacer: comunicación, periodismo y arte. Llegaremos al #Veinticinco de noviembre con editoriales ilustradas y acciones públicas (pegada de afiches o murales) que resuenen y que hagan memoria sobre la situación que vivimos las mujeres diversas en Ecuador. Desde lo que sabemos hacer: comunicación, periodismo y arte, en una apuesta colectiva entre La Periódica, Pepa Ilustradora y Suerte.

Sobrevivimos, resistimos y nos acompañamos día a día, es por ello que seguimos juntas, ahora y siempre.

#Veinticinco

Ahora y siempre


[1] Alianza mapeo: http://www.fundacionaldea.org/noticias-aldea/primermapa2021
[2] Monitoreo del estado de los servicios de salud sexual y salud reproductiva durante la emergencia sanitaria por covid-19 en Ecuador, Surkuna, 2020
[3] Monitoreo del estado de los servicios de salud sexual y salud reproductiva durante la emergencia sanitaria por covid-19 en Ecuador, Surkuna, 2020
[4] Encuesta de Uso de Tiempo, 2012

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