UNA ABUELITA DE MENTIRA

Este radioclip es de texto y no tiene audio grabado.

Los oyentes creen que nuestros personajes son personas reales. ¿Qué hacer, entonces?

Al consultorio de la página web de RADIALISTAS llegó una simpática pregunta que vale la pena compartir con ustedes.

*PREGUNTA:*

_¡Hola! Escribo desde Radio Fe y Alegría, en la Guayana de Venezuela. Resulta que tenemos un programa con un personaje que es una abuela alegre (que no es tal abuela, es una de las jóvenes conductoras que hace esa voz). La “abuelita” da consejos, echa bromas, y ha pegado bien. ¿Qué pasó? Que una amiga oyente cree que esta abuela es real. El otro día vino a la radio y hasta una torta le trajo de regalo, toda esperanzada. A las chicas les dio lástima decirle que la abuela no existe y se escondieron. ¿Qué hacemos? ¿Le decimos la verdad o dejamos que siga viviendo su ilusión?_

_Saludos,_
_Alfredo Calzadilla_

*RESPUESTA:*

bq. Querido Alfredo:

Vamos con la pregunta de la abuela. Primero, felicitarles por la iniciativa. Todos esos personajes, bien manejados, logran mucha aceptación en la audiencia y meten humor en la programación. Puede ser una abuela risueña, un borrachito que canta las verdades, una niña entrometida, un joven metalero, hasta animales que hablan y objetos personificados.

Hay oyentes que descubren el truco, pero disfrutan igual. Hay oyentes que creen que los personajes son personas reales. Y quieren escribirles, hablarles, conocerlos. Al Padre Vicente de Mario Kaplún también le mandaban cartas y en las emisoras no sabían si explicar que era la voz de un actor uruguayo grabado en un disco de acetato.

Creo que es mejor decir la verdad. Tarde o temprano, los radioescuchas se enterarán y si se les ha mentido es peor.

Ahora bien, hay que decir la verdad “con magia”. Con la misma imaginación con que la radio inventó a la “abuelita”, así también hay que descubrirla.

Por ejemplo, pueden invitar a la señora de la torta a un salón bonito de la radio. Viene a saludarla la chica que hace de abuela con un regalo para ella. Le dice que se tape los ojos y comienza a hablar como habla la abuela. Se ríen juntas. Le explica cómo la radio despierta la creatividad, cómo podemos hacer maravillas a través de los micrófonos. Invita a la señora a cabina para que salude a su familia y en su barrio puedan escuchar su voz. Y al final, le pide complicidad:

—No le diga a sus vecinas que la abuelita es de mentira. Este es un secreto entre usted y la radio. Más bien, invite a todas sus amigas para sintonizar el consultorio donde ella habla.

Y así, la emisora no solamente ganará una oyente fiel, sino también una promotora de los consejos de la abuela.

¡Un abrazo desde Quito!

UNA ABUELITA DE MENTIRA

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