10 LOS 10 MANDAMIENTOS DE TODO BUEN BURGUES

¡Ay, parece que van a hablar de nosotros!

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    En aquellos tiempos, un jovencito rico se acercó a Jesús y le dijo:

    JOVEN —Maestro, ¿qué debo hacer yo para colarme también en el cielo?

    Jesús le respondió:

    JESUS —Está bastante claro, ¿no? Cumple los mandamientos.
    JOVEN —¿Cuáles mandamientos, teacher?
    JESUS —¿Cuáles van a ser? Los diez mandamientos: no robarás, no matarás, no dirás mentiras, honrarás a tu padre y a tu madre…
    JOVEN —Ah, no, no, no, no… Cambia el disco, moreno. Esos mandamientos no me gustan. Yo prefiero cumplir los míos.

    Y dando media vuelta, el jovencito rico se fue.

    VECINA —¿Y qué parte del evangelio es ésa, eh? Yo nunca la había oído.
    ABUELO —Ni yo tampoco, señora. Seguramente se trata de una tergiversación de la Biblia.
    COMPADRE —Qué va, se trata de otra Biblia.
    VECINA —¿Cómo que de otra Biblia?
    COMPADRE —Claro. Hay la Biblia de los cristianos. Y hay la Biblia de los burgueses. Hay diez mandamientos para unos y diez mandamientos para los otros.
    ABUELO —Como no se explique mejor, cambio de programa…
    COMPADRE —¿Sabe qué? Nosotros los latinoamericanos siempre le echamos la culpa de lo que nos pasa a Inglaterra, a los yanquis, a los de fuera. Y es verdad. Ellos no vienen aquí más que a robar. Pero las puertas de nuestros países tienen la cerradura por dentro. ¡La burguesía de nuestros países! ¿Qué harían los de fuera sin la llavecita que les dan los de dentro? ¿Qué habría hecho aquel inglés Míster North sin los burgueses chilenos?
    ABUELO —Pero, ¿qué tiene que ver todo esto con la Biblia? ¿De qué está hablando usted?
    COMPADRE —Estoy hablando de la Guerra del Pacifico, una página bien fea de la historia latinoamericana. Ocurrió hace cien años solamente. La guerra entre Perú, Bolivia y Chile. Aquella guerra en la que los burgueses de Perú, los de Bolivia y los de Chile hicieron lo que hacen siempre, cumplieron fielmente… «los 10 mandamientos de todo buen burgués».

    Esta historia comienza en Europa. Bueno, la mayoría de las historias de América Latina comienzan en Europa. Resulta que las tierras europeas cada vez rendían menos. La agricultura iba mal. A mediados del siglo pasado todavía no se habían inventado los abonos químicos. Era urgente encontrar algo para aumentar las cosechas… Inglaterra descubrió entonces que el guano podía ser un gran fertilizante. El guano del Perú. Los alcatraces y las gaviotas habían ido acumulando durante miles de años, montañas de excrementos en las islas de la costa peruana. Los excrementos de estos pájaros serían la salvación para las tierras cansadas de Europa.

    INGLES —¡Necesitamos el guano! ¡Hay que traer a Inglaterra ese maravilloso excremento!

    Fue entonces cuando otros pájaros, los burgueses, comenzaron a cumplir su misión, a cumplir sus mandamientos…

    PRIMER MANDAMIENTO: AMARAS AL DINERO SOBRE TODAS LAS COSAS.

    PERUANO —¿Se enteraron? ¡Un notición, señores! ¡Inglaterra quiere comprarnos el guano de las islas!
    PERUANA —¡El guano! ¡Ay, qué divertido! ¿Y para qué querrán esas heces?
    PERUANO —¿Qué heces?
    PERUANA —Las heces, las de los pajaritos…
    PERUANO —¡Dizque heces! ¡Las cagadas! Algo habrán olido los ingleses en esas cagadas…
    PERUANA —Ay, no seas tan vulgar, amorcito…
    PERUANO —Lo quieren para abonar sus tierras. Parece que el guano tiene no sé qué vaina química que es lo mejor para la agricultura.
    PERUANA —¡Qué cosas descubren! ¡Los ingleses son tan inteligentes!
    OTRO —Pues si es así, podríamos aprovechar el guano para abonar nuestras tierras aquí en el Perú, que buena falta nos hace…
    OTRA —Estás loco, querido. Lo que hay que hacer es venderlo a buen precio. Y venderlo rapidito, antes que otros se enteren del negocio. ¡Dinero, querido, dinero! El dinero es como el ceviche: hay que comerlo fresco.
    PERUANO —Pues consigamos la autorización enseguida. ¡Compro acciones en la exportación del guano!
    PERUANA —Así se habla, mi vida. Cuando se trata de vender, se vende hasta la mierda…

    Y comenzaron a vender el guano de las islas a toda prisa. Lo que la naturaleza tardó siglos en almacenar, los burgueses peruanos lo acabaron en pocos años. La compañía inglesa Gibbs and Sons se ocupaba del traslado. Diariamente salían los barcos hacia Europa cargados del oloroso fertilizante. A los 40 años estaban arrasadas las islas del Perú. Se habían vendido a Inglaterra 12 millones de toneladas de guano.

    SEGUNDO MANDAMIENTO: TOMARAS EL NOMBRE DE LA PATRIA EN VANO

    Cuando el guano se fue acabando, los ingleses descubrieron otro fertilizante mejor: el salitre. Los grumos blancos de nitrato depositados en el gran desierto del Perú. Los burgueses peruanos volvieron a entusiasmarse…

    PERUANO —¡Ahora no quieren guano, sino salitre! ¡Y lo pagan mejor!
    OTRO —Pero las tierras donde está el salitre tienen dueño.
    PERUANA —Pues hay que comprarlas inmediatamente. ¡Eso vale ahora una fortuna!
    PERUANO —¿Y con qué dinero las compramos?
    PERUANA —Con dinero del Estado. No vamos a poner el nuestro, querido. La patria es como una madre: siempre ayuda a sus hijos.
    PERUANO —La patria no tiene un centavo.
    PERUANA —Bah, eso es lo de menos. El gobierno puede emitir bonos. ¿No «gobernamos» nosotros al «gobierno»? Por repartir papelitos no se muere nadie.
    OTRO —¿Y qué pasa después con esos bonos?
    PERUANA —Ay, querido, se vive sólo una vez. Hoy es hoy. Y después ya veremos.
    PERUANO —Me parece un consejo muy sensato. En cualquier caso, el salitre tiene que ser nuestro.

    En 1875 el gobierno peruano expropió las tierras salitreras y pagó con bonos a sus antiguos dueños…

    GOBERNANTE —¡Pueblo del Perú! La patria necesita estas tierras. Los contratos que vamos a firmar con Inglaterra responden a los más altos intereses de la patria. ¡El sacrificio que hacemos hoy redundará mañana en el bienestar de todos!

    El gobierno firmó contratos con Inglaterra. Se levantaron pueblos en los desiertos de Tarapacá, donde antes sólo vivían las lagartijas. Surgieron como por parte de magia las casas, las oficinas, los telégrafos. La Nitrate Railways puso los ferrocarriles. Y en barcos ingleses comenzaron a trasladarse montañas de salitre hacia Europa.

    TERCER MANDAMIENTO: SANTIFICARAS LAS FIESTAS

    PERUANO —¿Una copita, mi amor?
    PERUANA —¿Una sola?
    PERUANO —Es un vinito especial. ¡Vino de Burdeos! ¡Oh, la France! Allons enfants de la patrie… ¿Sabes? Estoy aprendiendo francés.
    PERUANA —Pues aprende inglés, que nos conviene más.
    OTRA —Oigan, oigan, ¿supieron la última? La marquesa de Ribagüero se ha mandado a hacer un retrato con el mismísimo Goya…
    PERUANO —¿Con Goya? ¡Pero si Goya es del siglo pasado!
    PERUANA —¿No me digas? Bueno, yo no sé con quién será entonces… pero ¡lo que le va a costar! ¡Un dineral!
    PERUANO —¡Lo que le costará al pintor disimularle las arrugas a esa bruja!
    PERUANA —Ay, niña, eso no es nada. Mi marido ha mandado a comprar nuestra nueva casa en Italia. ¡Mármoles de Carrara, para que lo sepas! ¡Un sueño!

    Las grandes familias de la aristocracia peruana derrochaban el dinero que les llegaba por las ventas del salitre. Mandaban a comprar en el extranjero vestidos de última moda, vinos franceses, estatuas de puro mármol de Carrara para adornar la alameda de Lima. Casas enteras llegaban desde Londres. Desde París se importaron hoteles completos, de lujo, con cocinero y todo.

    PERUANO —¡Hip! Tranquilo, compadre. Si se acaba el dinero, los ingleses nos prestan más. ¡Salud!

    El despilfarro de la burguesía peruana fue tan escandaloso que a los pocos años las deudas del país eran el doble que las entradas…

    PERUANO —En la costa de Bolivia hay más salitre. Ya los chilenos lo están sacando y vendiendo a los ingleses. Nosotros también podemos sacarlo de ahí. Los bolivianos son «buenos amigos» nuestros…
    PERUANA —Ay, no hablen ahora de negocios… Querido, invítame a otra copita del vinito ése…

    CUARTO MANDAMIENTO: OBEDECERAS A TU PADRE Y… Y, BUENO, A LA MADRE NO, PORQUE LOS BURGUESES NO LA SUELEN TENER

    La explotación del salitre se extendió rápidamente hacia la provincia boliviana de Antofagasta. Los burgueses chilenos y los burgueses peruanos se disputaban el negocio. Fue entonces cuando los burgueses de Bolivia comenzaron a preocuparse.

    BOLIVIANO —Si no somos tontos, lo parecemos, pues. Perú está vendiendo nuestro salitre. Está haciendo negocio a costa nuestra, pues.
    OTRO —El negocio lo hace Chile. Son los chilenos los que sacan la mejor tajada. Nosotros mismos les dimos el permiso.
    BOLIVIANO —¡Qué Chile ni qué Chile! Los chilenos son muchachos listos pero ¿quién está detrás? ¿Quién es el papá? Inglaterra. La Melbourne Clark Company, la Nitrate Railways… Compañías inglesas. El problema no es con Chile ni con Perú.
    OTRO —El problema es que nosotros no sacamos nada. Ni tajada ni tajadita. Y así no se vale. Pongamos un impuesto, al menos para ganar algo también.

    Los burgueses bolivianos decidieron ponerle un impuesto al salitre: se cobrarían sólo 10 centavos por cada quintal que salía de Antofagasta hacia Inglaterra. A pesar de eso los ingleses se indignaron y lanzaron a Chile a pelear contra Bolivia y contra Perú.

    INGLES —¡Impuestos! ¡Esto es el colmo, señores de Chile, el colmo!
    CHILENO —¿Y… y qué podemos hacer, pues?
    INGLES —No pagar un solo impuesto a esos bolivianos.
    CHILENO —No, pues.
    INGLES —Y si protestan, quitarles las tierras.
    CHILENO —Sí, pues.
    INGLES —Y si Bolivia molesta, declararle la guerra.
    CHILENO —Sí, pues.
    INGLES —Y si la madre de ustedes molesta…
    CHILENO —Sí, pues…

    Los burgueses de Chile obedecieron al pie de la letra las órdenes de su papá extranjero… Y los batallones de Chile obedecieron a los burgueses. Invadieron las provincias bolivianas y peruanas de donde se sacaba el salitre. La Guerra del Pacífico había comenzado.

    QUINTO MANDAMIENTO: NO MATARAS… SI NO ES NECESARIO.

    Febrero de 1879. Las fuerzas armadas de Chile ocupan las tierras del salitre. Perú y Bolivia se unen frente a los invasores. Pero como son los días de Carnaval, los burgueses prefieren terminar la fiesta antes de comenzar la guerra. Chile avanzó rápidamente por la costa, por el desierto, por el mar. Con uniformes ingleses y armas inglesas, el ejército chileno arrasa con todo hasta llegar a Lima… Los burgueses del Perú mandan indios a la guerra. Los burgueses de Bolivia mandan indios a la guerra. Miles de cadáveres quedan pudriéndose bajo el sol de los arenales.

    La guerra del salitre está costando muchas vidas. Por mar y por tierra Chile pulveriza a sus enemigos. Se suman al mapa chileno los inmensos desiertos de Atacama y Tarapacá. Perú pierde el salitre y las gastadas islas del guano. Bolivia pierde la salida al mar y queda acorralada en el corazón de América del Sur. Los burgueses de Chile celebran por adelantado la victoria…

    CHILENO —Nuestros derechos nacerán de la victoria, señores. ¡La victoria es la ley suprema de las naciones!
    CHILENA —Y ¿cuántos soldaditos llevamos perdidos, mi amor?
    CHILENO —Qué se yo… Eso es lo de menos. Lo importante es que el salitre pertenece… ¡a Chile!
    INGLES —¡Oh yes, así mismo es!

    SEXTO MANDAMIENTO: NO FORNICARAS.

    VECINA —¿For ni qué?
    COMPADRE —¡Corten, corten! Ejem… Bueno, la vida privada de los burgueses ya se la podrán imaginar. Pero sí la contamos se nos van a subir los colores… En fin, hay cosas mucho más picantes que contar en esta historia. Precisamente ahora viene el mandamiento que ellos cumplen con más devoción…

    SEPTIMO MANDAMIENTO: NO ROBARAS… EN PEQUEÑAS CANTIDADES.

    Aquellos bonos, aquellos «papelitos» con los que los burgueses del Perú compraron las tierras del salitre, perdieron valor durante la Guerra del Pacífico. Entonces apareció un burgués de Inglaterra en el horizonte…

    NORTH —Yo querer comprar esos bonos…

    John Thomas North, ladrón de cuello y corbata, llegó a Chile.

    NORTH —Préstenme algo de dinero, por favor.

    Como no tenía un centavo, los mismos burgueses chilenos le prestaron la plata a North para comprar los bonos. Y los compró a precio de ganga.

    NORTH —Continúen, continúen matándose. Mientras ustedes se matan en el campo de batalla, yo compro el campo.

    Los soldados chilenos y peruanos y bolivianos estaban peleando para Inglaterra, aunque no lo sabían…

    NORTH —Ahora yo soy el legítimo dueño y señor de estas tierras.

    En 1881 los burgueses chilenos reconocieron los bonos comprados por North como títulos válidos de propiedad.

    NORTH —Aquí, el que sabe, sabe. Y el que no, lo nombran presidente.

    Sin disparar un tiro ni gastar un centavo, John Thomas North se había quedado con todo. La guerra le había dado a Chile el monopolio mundial de los fertilizantes, pero el rey del salitre era el laborioso hombre de empresa John Thomas North.

    NORTH —No robarás, amigo, no robarás en pequeñas cantidades.

    Con el dinero robado a Chile, John Thomas North levantó fábricas de cerveza en Francia, de cemento en Bélgica, construyó tranvías en Egipto y aserraderos en Africa, explotó minas de oro en Australia y de diamantes en Brasil. El millonario del salitre tenía mucho que agradecerle a los burgueses de Chile. Y los burgueses de Chile también le estaban muy agradecidos por dejarlos participar en los beneficios de la gran empresa del salitre.

    OCTAVO MANDAMIENTO: NO DIRAS MENTIRITASINVENTA GRANDES CALUMNIAS.

    En 1896 alcanzó la presidencia de Chile un ave rarísima, un burgués honesto: José Manuel Balmaceda.
    BALMACEDA —¡Chilenos: vamos a aprender a vivir por nosotros mismos! Esta tierra, esta riqueza será nuestra. ¡Los grumos blancos del salitre se convertirán en escuelas, en caminos, en pan para el pueblo!

    El presidente Balmaceda anunció que era necesario nacionalizar las salitreras, las empresas de Inglaterra.

    NORTH —¿Nacionalizar? Fea palabra. Preparen mis maletas. Viajo a Chile.

    John Thomas North, que andaba banqueteándose en Londres, no tardó en llegar a Santiago de Chile.

    NORTH —¿Cien mil libras serán suficientes, senador?

    El rey del salitre compró a buen precio las conciencias de los burgueses de Chile.

    CHILENO —Chile debe volver a los buenos tiempos de antes. Ese Balmaceda es un enemigo de la libre empresa, un déspota borracho de poder!
    VARIOS —¡Charlatán! ¡Carnicero!… ¡Tirano! ¡Dictador!

    Los burgueses de Chile montaron una intensa campaña de calumnias contra Balmaceda. Los burgueses sublevaron al ejército. Los burgueses lanzaron gente a la calle contra el presidente. Mientras tanto, los barcos de Inglaterra bloqueaban la costa chilena… Balmaceda, asediado por la burguesía, se suicidó.

    CHILENO —¿Quiere un vinito, mister North? ¡Sírvase unito, pues!
    CHILENA —Ay, rubito lindo, ¿pero cómo te conservas tan bien? ¡Bailemos una cueca!

    NOVENO MANDAMIENTO: NO DESEARAS LA MUJER DE TU PROJIMODESEA MEJOR A TU PROJIMO PARA PONERLO A TRABAJAR

    En los tiempos del salitre, como en todos los tiempos, los burgueses son hombres prácticos. Ellos no trabajan. Ponen a otros a trabajar a trabajar para ellos… Cientos, miles de campesinos desempleados del valle central de Chile fueron empujados por el hambre a trabajar en las salitreras del Norte. Obreros que sobrevivían en chozas miserables en medio del desierto. Obreros de 16 horas diarias, que no conocían el descanso del domingo y cobraban sus salarios con fichas. Fichas que perdían la mitad de su valor en las pulperías de las empresas…

    OBRERO —¡Compañeros, ya no! ¡Compañeros, ya basta! ¡Junta tu voz a otra voz! ¡Junta tu mano a otra mano! ¡A la huelga, hermanos del salitre! ¡A la huelga!
    VARIOS —¡A la huelga! ¡A la huelga!!

    En Iquique, el mayor puerto del salitre, se juntaron los huelguistas, los obreros y sus mujeres, los niños… Protestaron, reclamaron… Los soldados los ametrallaron. El 21 de diciembre de 1907, murieron en Santa María de Iquique, 3.600 trabajadores del salitre, en nombre de la libertad de empresa.

    DECIMO Y ULTIMO MANDAMIENTO DE TODO BUEN BURGUES: NO DESEARAS INVERTIR TUS BIENES. GUARDALOS EN UN BANCO EXTRANJERO.

    CHILENA —¿Y qué vamos a hacer ahora con tanto dinero, querido?
    CHILENO —Pensaba invertir en una industria de algo, no sé. Pero, ya sabes, eso da mucho trabajo. Hay que andar llevando las cuentas. Y luego, los problemas con los obreros que no se conforman con nada…
    CHILENA —¿Y entonces, mi amor?
    CHILENO —Tengo una idea mejor: lo meteré en el banco.
    CHILENA —¿En los de aquí?
    CHILENO —No, niña, no seas loca. En el banco de Londres lo tendremos seguro. Así estoy tranquilo y sin problemas. A propósito, ¿qué pensabas para esta noche?

    La prosperidad del salitre no sirvió para desarrollar a Chile. Ni a Perú. Ni a Bolivia. Las riquezas exprimidas a los obreros ni siquiera se quedaron en el país. Se fugaron a los bancos de Inglaterra, de Suiza, de Estados Unidos. Pocos años después, un químico alemán descubrió un fertilizante sintético. Y la economía en Chile se vino abajo como un castillo de arena. La de los burgueses no. Todo su dinero ya estaba fuera. En los desiertos de Atacama y Tarapacá, sólo quedaron las casuchas vacías, los caminos muertos, los telégrafos mudos, los esqueletos de las oficinas salitreras… y los esqueletos de miles de obreros sacrificados en aquellas pampas para llenar las arcas de los bancos extranjeros.

    COMPADRE —Acabaron con el salitre. Pero los burgueses enseguida encontraron otro negocio. Los de Chile, comenzaron con el cobre. Y los de Bolivia, con el estaño. Y los de Perú, con los minerales de la «Cerro de Pasco Corporation». Y otra vez, a cumplir religiosamente sus diez mandamientos.
    VECINA —¿Sabe una cosa? Ya encontré yo la Biblia ésa que estaban leyendo al principio.
    COMPADRE —¿Y…?
    VECINA —Pues dice que Jesús, después que se fue el burguesito aquel, se puso furioso y dijo: ¡Más fácil entra un camello por el ojo de una aguja, que uno de estos sinvergüenzas haga algo por su país!

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