15 HAN LLEGADO LAS TRANSNACIONALES

¡Bienvenida Mari Company!

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    ANUNCIO 1 —Amigo ganadero: sus vacas distinguen lo mejor. Y lo mejor es pienso Mari. La calidad se paga. Para su ganado, Mari. De la Mari Company.
    ANUNCIO 2 —Ahhh… Sienta en cada rincón de su cuerpo el excintante frescor de la loción Mari. El dirá: Ahhh… Y ella también dirá: Ahhh… Loción Mari Company.
    ANUNCIO 3 —¡Libérate! ¡Rebélate! ¡Vive al nuevo ritmo de la moda joven! ¡Blue jeans Mari, camiseta Mari, shorts Mari! ¡Libeeerate! Viste tu juventud con Mari. De la Mari Company.

    La “International Mari Company Brothers Asociation” era una gran empresa, una poderosa empresa, con industrias en todos los países. Desde la Patagonia hasta la Cochinchina, desde Alaska hasta Bombay, y desde Bombay a Hawai, por todo el mundo se vendían y se compraban sus productos. Y sucedió que un día, la gran empresa llegó al Brasil… o a México… ¿o fue en Colombia?… Da igual. El caso es que llegó.

    MISTER —¡El caso es que somos la International Mari Company Brothers Asociation, conocida mundialmente como la “Mari Company”!
    MINISTRO —Y eso, ¿qué significa exactamente, Mister Sam?
    MISTER —Significa muchas cosas. Hablemos con franqueza, señor Ministro. ¿Qué han hecho hasta ahora las empresas extranjeras aquí en su país?
    MINISTERIO —¿Qué han hecho? Ganar mucho dinero a costa nuestra. Comerse la carne y dejarnos los huesos.
    MISTER —Así es, señor Ministro. Hemos sacado de estos pobres países algodón, caucho, minerales… todo. Nos hemos llevado las materias primas de ustedes para nuestras fábricas en el extranjero. Pero eso se acabó. Eso ya no va a ser así.
    MINISTRO —¿Y cómo va a ser ahora, mister Sam?
    MISTER —Ahora va a ser al revés, completamente al revés. Ya no vamos a sacar, sino a meter. Ya no vamos a venderles lo que hacemos fuera. Ahora vamos a producir aquí dentro. Gran cambio. Como de la noche al día. Antes les comprábamos el hierro y les vendíamos el automóvil. Ahora vamos a poner aquí la fábrica de automóviles. Señor ministro, rectificar es de sabios. Hemos comprendido que tenemos el deber de ayudarlos, de industrializarlos a ustedes. Las más grandes industrias del mundo estarán aquí adentro, en su país.
    MINISTRO —Me sorprende ese cambio, mister Sam.
    MISTER —Y a mí me sorprenden esos niños desnutridos que veo por las calles de este país. Se habrá fijado usted, señor Ministro, que Mari Company lleva el nombre de “Mari”, el nombre de la Virgen María, la Virgen tan querido por su piadoso pueblo. Pues bien: María alimentó con su leche al niño Jesús. Y Mari Company quiere alimentar con su leche a los niños de todo el mundo, ¿okey? Entonces, sin sacar fuera nada, ni una vaquita ni una gotita de leche, queremos hacer aquí una gran industria de leche en polvo de la mejor calidad.
    MINISTRO —Mister Sam, en mi país hay ya tres fábricas nacionales de leche en polvo.
    MISTER —Lo sabemos y nos alegramos. No importa que haya tres o que haya seis. El sol sale para todos. Y Mari Company viene a colaborar al desarrollo en el espíritu de la sana competencia.
    MINISTRO —Por cierto, mister Sam, ¿de qué país es la Mari Company? El acento suyo…
    MISTER —Sí, soy americano. United States. Pero, ¿Mari Company es norteamericana? Sí, pero no. No, pero sí. Quiero decir, que no es sólo norteamericana. Hay capitales europeos, hay patentes internacionales, están los japoneses… Señor Ministro: la International Mari Company Brothers Asociation es una empresa transnacional. Es decir, una empresa con una casa madre en los Estados Unidos. Pero con hijas por todo el mundo, que quiere servir con productos de la más alta calidad a todos: lo mismo a los negritos del Congo, que a los americanos de Michigan… Con la llegada de estas nuevas empresas transnacionales estamos a las puertas del milagro económico en los países pobres.

    Y para que tan gran milagro fuera posible, el gobierno de aquel país pobre abrió de par en par las puertas a la Mari Company: le vendió a precio especial el terreno para la nueva industria, le aplicó tarifas eléctricas privilegiadas, le libró de impuestos, le otorgó créditos… Y muchas, muchísimas facilidades más…

    HOMBRE —¡Clase de edificio, compadre!
    VIEJITA —¿Y qué será lo que están haciendo? ¿Una iglesia
    MUCHACHO —¡Qué iglesia! ¡Eso va a ser tremenda fábrica, señora…!
    HOMBRE —Son extranjeros… “Maricompany” pone ahí, ¿no ve?
    MUJER —¿Y qué “maricompanis” son esos?
    HOMBRE —¡Y qué sé yo! ¡Yo sólo sé que van a meter ahí dentro a 10 mil obreros!… Mi primo ya tiene trabajo, está apuntado. Dicen que los sueldos son ¡por las nubes!
    MUJER —La vida que esto le va a dar a la ciudad. La verdad es que esta vez sí se han portado bien con nosotros los americanos. Nos han traído el desarrollo a casa.
    VIEJITA —Gracias a la Virgen que les ha tocado la conciencia. ¡Qué buenos estos señores, y qué buena leche tienen! ¡Ya la están anunciando por la televisión!

    LOCUTORA —Señora: con la salud de sus hijos no se juega. La leche Mari es poquísimo más cara que las otras… pero la leche Mari es muchísimo más pura que las otras. La calidad se paga.
    LOCUTOR —Ya llegó, ya llegó la leche Mari. De la Mari Company.
    NIÑO —¡Mami, dame Mari!

    Y con cohetes y música de fiesta, la nueva compañía inauguró su fábrica de leche…

    MISTER —”¡Mami, dame Mari!”, es lo que ya repiten los niños de todo el país. Pues bien, queridos ciudadanos, para que todas las madres puedan dar Mari a sus hijos, inaugurarnos hoy esta colosal fábrica de leche en polvo, de la prestigiosa firma “International Mari Company Brothers Asociation”. Cortamos la cinta azul, color del manto de la Virgen María, y abrimos para todos las puertas de esta nueva industria…

    VIEJITA —¡Qué leche, mija, qué leche! Es que lo que viene de fuera es otra cosa. La calidad se ve hasta en la etiqueta. ¿Has visto qué lindos los envases, qué limpios?
    NIÑO ¡Mami, dame Mari! ¡Mami, dame Mari!
    MUJER —¿Ve, abuela? Mi muchachito ya aprendió de la televisión.

    Y sucedió que en muy poco tiempo la leche en polvo Mari le sacó ventaja a la leche en polvo nacional. Aunque era nueva y más cara, era la que más se vendía…

    EMPRESARIO
    NACIONAL —Señor ministro: San José, San Joaquín y Santa Ana están en peligro. Por culpa de la Mari, la industria nacional está en peligro.
    MINISTRO —No sean alarmistas, señores. Están en libre competencia, que no es lo mismo.
    OTRO
    EMPRESARIO —Pero, señor ministro, esa Mari Company tiene muchos medios, fábricas por todo el mundo, sacan en un lado, meten en el otro, suben salarios aquí, bajan salarios allá… Es difícil competir cuando hay tantas desventajas.
    MINISTRO —Admito que es una gran prueba para ustedes. Pero así es la libertad de empresa, la libertad de comercio…
    EMPRESARIO —Mire sólo el dinero que se gastan en campañas de publicidad.
    MINISTRO —Hagan lo mismo ustedes. En este caso, como en todos, el país ofrece igualdad de oportunidades.
    EMPRESARIO —¡Igualdad de oportunidades! ¡Las gallinas le han dado al zorro igualdad de oportunidades!
    MINISTRO —Señor mío…
    EMPRESARIO —El zorro terminará comiéndose a las gallinas. Y ustedes serán responsables. Ustedes le abrieron las puertas del gallinero. Queremos saber por qué el gobierno le ha dado tantas facilidades a esa empresa extranjera.
    MINISTRO —Porque esa empresa extranjera ha creado miles de puestos de trabajo, porque han hecho un polo de desarrollo en la ciudad, porque han invertido un fuerte capital en el país… Hay muchas razones, señor mío.
    EMPRESARIO —No hay nada que hacer, socios. El señor ministro debe tener también “sus” razones… Ya es un “maricompani”…

    Un día, después de varios meses de igualdad de oportunidades, Mister Sam fue a visitar a los tres dueños de las tres industrias nacionales…

    MISTER —Amigos, no discutamos sobre leches… Ustedes están a punto de quiebra. Y nosotros, a punto de caramelo. Mari Company tiene dinero suficiente para comprarles sus tres fábricas de leche. ¡Con vacas, con obreros y con todo! Tiene dinero para modernizarlas. Y lo que es más interesante para ustedes: está dispuesta a conservar sus tres nombres, sus tres marcas. Tenemos dinero para hacerle publicidad a la leche San José, a la Santa Ana y a la… ¡Bah, del tercer santito no me acuerdo! Todo quedará arreglado… Este negocio quedará entre nosotros, ¿okey?
    EMPRESARIO —Sí, pero nosotros… ¿qué va a ser de nosotros?
    MISTER —¿Ustedes? Pasarán a tener acciones en la Mari Company. Ganarán más siendo accionistas de nuestra leche que produciendo ustedes la leche… ¿Qué les parece?

    Dos empresarios nacionales vendieron enseguida sus fábricas. El tercero se resistió…

    EMPRESARIO —¡A otra puerta que esta no se abre! No, alcapone, la San Joaquín no se vende. Esto es una cuestión de dignidad nacional. ¡Que la patria también tiene su leche, caramba!

    Entonces, la Mari bajó sus precios. Y bajando precios, y subiendo anuncios, acorraló a la leche nacional san Joaquín. Poco tiempo duró la guerra. La san Joaquín tuvo que sacar la bandera blanca y rendirse. Y todo el mercado de leche en polvo cayó en manos de la poderosa Mari Company.

    NIÑO —¡Abuelita, dame san Joaquín!
    LOCUTORA —Señora, usted debe darle san Joaquín a su nieto. Señora, usted puede darle san Joaquín a su nieta. ¡Más calidad y menos precios en cada lata!
    VARIOS —¡Qué barata! ¡Qué barata!
    LOCUTOR —Leche san Joaquín: la leche que tomaron nuestros abuelos.
    MUJER —Pues yo me quedo con la santa Ana, que es la que está saliendo ahora más económica.
    OTRA —Ay, no, vecina, a mis gemelos no hay quien les quite la Mari. Es más cremosa.
    OTRA —¡Pues los míos, si no es la san José, es un llanto!
    VIEJITA —Yo ya estoy acostumbrada a mi san Joaquín. Uno le agarra cariño a su leche, la costumbre…
    MUJER —Pues, yo no sé a ustedes, pero a mí esas leches todas me saben ya a lo mismo.

    Y aunque todo el mercado de leche en polvo estaba en manos de la poderosa Mari Company, casi nadie lo sabía.

    MISTER —Señor ministro, el niño toma primero la leche y después ensucia el pañal, ¿verdad que sí? Ya les trajimos la leche Mari. Ahora queremos traerlas los pañales Mari. ¿No podríamos montar una nueva fábrica?
    MINISTRO —Correcto.
    MISTER —Por bueno que sea un pañal, puede dañar la delicada piel del niño… ¿Conoce usted el talco Mari? ¿Y el champú Mari? ¿Nos autoriza?
    MISTER —Correcto.
    MISTER —Los niños crecen, juegan, ríen, corren… Mari fabrica juguetes educativos. Podríamos montar también un parque de diversiones, ¿qué le parece?
    MINISTRO —Correcto.
    MISTER —Película infantiles, libros, caramelos, cereales, camisetas, jarabes, compotas, pelotas… ¡todo para el desarrollo de la producción nacional! Pero la producción nacional, lo que se dice nacional… ya sólo quedaban los niños.

    Y fue por aquellos mismos tiempos, que llegaron también al país otras “companis”. Compraron la industria del calzado y la del tabaco. Pusieron fábricas de fideos y de pinturas. De automóviles y de radios. Compraron cadenas de cines y de restaurantes. Era el “milagro” económico de las transnacionales que, colorín colorao… ¡apenas ha comenzado!

    VECINA —¡Vaya con esa maricompani!… ¡Se metió como los piojos por todas las costuras…!
    ABUELO —Es verdad. Pero el caso es que esa gente puso la fábrica. Y que la fábrica dio trabajo a muchos obreros. Y eso es desarrollo, digo yo.
    COMPADRE —Pero, óigame, ¿por qué cree usted que la Mari Company quería poner una fábrica en ese país? ¿Para ayudarlo? ¿Para desarrollarlo?… No, en todo este asunto hay un truco… Mire, las maricompani, las transnacionales, tienen industrias igualitas por todo el mundo. Ponen fábricas por todo el mundo. Con los mismos dueños, los mismos dineros, las mismas marcas… Todo es igual. Sólo una cosa cambia… y ahí es donde está el truco.

    JOHNNY —Yo me llamo Johnny.
    JUANITO —Pues yo Juanito, para servirle.
    JOHNNY —Yo trabajar en fábrica Coca-Cola en Estados Unidos.
    JUANITO —¡Oí, vos! Pues yo también trabajo en la fábrica de Coca-Cola, pero en Guatemala.
    JOHNNY —Yo trabajar ocho horas cada día.
    JUANITO —Igualitos, pues. Yo también trabajo ocho horas.
    JOHNNY —En ocho horas, yo embotellar ocho mil refrescos.
    JUANITO —Mirá vos, igualititos: yo también embotello ocho mil refrescos.
    JOHNNY —Por mi trabajo, yo ganar 20 dólares al día.
    JUANITO —¡Híjole! ¡20 dólares! Y a mí nomás me dan 2 pesos!
    JOHNNY —¡20 dólares, my friend!
    JUANITO —¡2 pesitos, 2 pinches pesitos, mi hermano!

    COMPADRE —Esa, esa es la diferencia. Que una “maricompani” paga a los obreros de nuestros países sueldos diez veces más bajos que los que paga a los obreros de los países ricos. Los dos trabajan para el mismo dueño y fabrican la misma cosa.
    Pero los obreros de los países ricos cobran diez veces más que los de aquí. ¿Para qué vienen los “maricompanis”, entonces? ¿Para ayudarnos? No, para ayudarse ellos. Porque aquí tienen mano de obra barata. Y con eso, sacan más beneficios. Ya los negreros no tienen que ir a buscar los esclavos a Africa y montarlos en un barco. Ahora vienen a buscarlos aquí y montan una fábrica.
    ABUELO —Pero, ¿y la inversión de dinero que hacen? ¿O tampoco eso nos ayuda?
    COMPADRE —Pero, ¿qué inversión hacen? Si es el mismo cuento. Traen aquí máquinas viejas, las que ya no les sirven en sus países. Y después, hacen todo tipo de trampas. Impuestos que no pagan, informes que no presentan, capitales que sacan fuera, ganancias que no declaran… Son zorros. ¿Sabe cuánto gana una “maricompani” por cada dólar que mete aquí? ¡Cuatro dólares, siete dólares ¡hasta diez dólares! Esa inversión les sale un negocio redondo. ¡Cómo no van a querer “desarrollarnos”!
    VECINA —¡Qué clase de mafia esa gente! Bueno, con ese cuento que nos contaron ya estamos alertados para cuando ellas lleguen. Y, ¿sabe lo que le digo? Que yo en lo que me quede de vida le voy a comprar ni un litro de leche a esos metiches.
    ABUELO —Y con eso, ¿qué gana usted, señora?
    VECINA —Yo no sé lo que yo gano. Pero algo perderán ellos. Donde yo vea la leche Mari no la compro. Por la Virgen que no la compro. Y le diré a mi comadre que no la compre por más anuncios que vea en la televisión. Las gallinas no vamos a estar engordando al zorro, ¿no? Así que, hoy mismo rompí yo con la Mari y con cualquier otra de esas companis que se me presente…
    COMPADRE —Ya se le han presentado muchas, señora, aunque usted no se haya dado cuenta. Si están por todas partes, acabando con la leche y con la soberanía de nuestros países… Si hace más de 20 años que nuestros gobiernos le abren la puerta a esa manada de zorros mañosos. Y con 20 años más, terminarán sentados en el palacio presidencial. Si, ya se han colado por todos los rincones de nuestra vida…

    LOCUTOR —La vida de Pepe empieza cada día a las 6 de la mañana…
    LOCUTORA —…con un reloj OMEGA.
    LOCUTOR —Pepe va al baño y se lava la cara…
    LOCUTORA —…con jabón PALMOLIVE.
    LOCUTOR —Se cepilla los dientes…
    LOCUTORA —…con pasta COLGATE.
    LOCUTOR —Mientras se afeita…
    LOCUTOR —…con una cuchilla GILLETTE
    LOCUTOR —…escucha su radio transistor…
    LOCUTORA —… ¡SONY!
    LOCUTOR —Pepe se viste rápido. Con una camiseta…
    LOCUTORA —LACOSTE
    LOCUTOR —…con unos pantalones…
    LOCUTORA —LEVIS
    LOCUTOR —…y con unos deportivos zapatos…
    LOCUTORA —HUSH PUPPIES
    LOCUTOR —Pepe desayuna rápido. Con leche…
    LOCUTORA —NESTLE.
    LOCUTOR —…con una cucharadita de…
    LOCUTORA —NESCAFE.
    LOCUTOR —…con pan…
    LOCUTORA —BIMBO.
    LOCUTOR —…untado con mantequilla…
    LOCUTORA —KRAFT
    LOCUTOR —…y siempre antes de apagar la radio, Pepe enciende…
    LOCUTORA —…un cigarrillo MARLBORO.
    LOCUTOR —Pepe trabaja en la fábrica de automóviles… WOLKSWAGEN. Cuando apenas amanece, una camioneta TOYOTA le lleva a su destino. Y su destino es la fábrica.
    LOCUTORA —Pepe empieza su jornada de trabajo.
    LOCUTOR —A mitad de la mañana, Pepe bebe…
    LOCUTORA —… una FANTA
    LOCUTOR —y mordisquea…
    LOCUTORA —… unas galletas NABISCO.
    LOCUTOR —Hoy es día de pago. Pepe sube a cobrar un salario en un ascensor OTIS. Su recibo sale de una máquina IBM. Pepe firma…
    LOCUTORA —… con un bolígrafo BIC-bic-bic…
    LOCUTOR —Es un día de mucho trabajo. A la hora de almuerzo, Pepe come de prisa…
    LOCUTORA —… una hamburguesa MCDONALD
    LOCUTOR —La hamburguesa le cae mal. Entonces…
    LOCUTORA —… toma un ALKA SELTZER.
    LOCUTOR —Pepe llega cansado al final de la jornada. Al autobús en el que regresa se le pincha una goma. Pero hay repuestos GOODYEAR.
    LOCUTOR —Pepe llega a su casa. Enciende la cocina…
    LOCUTORA —WESTINGHOUSE.
    LOCUTOR —Calienta una sopa de tomate…
    LOCUTORA —CAMPBELL.
    LOCUTOR —Pone un disco.
    LOCUTORA —RCA VICTOR.
    LOCUTOR —… en su tocadiscos…
    LOCUTORA —… GENERAL ELECTRIC
    LOCUTOR —La cabeza le estalla. Apaga el tocadiscos.
    LOCUTOR —Enciende el televisor.
    LOCUTORA —¡Es un televisor TELEFUNKEN!
    LOCUTOR —La cabeza le estalla. Hojea una revista…
    LOCUTORA —¡Es una revista PLAYBOY!
    LOCUTOR —Apaga el televisor. Suspira y mira el retrato de su novia.
    LOCUTORA —¡Es una foto KODAK!
    LOCUTOR —La cabeza le estalla. Suspira y mira al techo.
    LOCUTORA —¡Es un techo pintado con SHERWIN WILLIAMS!
    LOCUTOR —La cabeza le estalla. Toma una pastilla.
    LOCUTORA —¡Es una aspirina BAYER!
    LOCUTOR —Entonces, decide acostarse. Apaga la luz.
    LOCUTORA —¡Es una bombilla PHILLIPS!
    LOCUTOR —Deja caer su cuerpo sobre la cama.
    LOCUTORA —¡Es un colchón FLEX!
    LOCUTOR —Pepe se queda profundamente dormido… Sueña… Es feliz… Corre, corre ágilmente por un prado verde… Respira a pleno pulmón… Por fin se siente libre… Ríe, corre, juega, como cuando era niño… Corre, ríe, juega con una pelota…
    LOCUTORA —¡Es una pelota ADIDAS!

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